Desde el Santuario de Lourdes en Francia, el Papa invitó a todas las comunidades cristianas a rezar el Rosario durante el mes de octubre, teniendo como intención: «Que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto».
Al final de la misa que celebró este domingo 27 de septiembre, antes de recitar la oración mariana del Ángelus, el Papa agradeció la participación en dicha ceremonia: «¡Gracias por su presencia! Hago extensivo mi saludo a cuantos se han unido a nosotros a través de los medios de comunicación, de manera especial a los enfermos».
Invitó a todos a rezar el Ángelus, «oración sencilla y magnífica, que nos ayuda a vivir cada día en conformidad con la voluntad de Dios, siguiendo el modelo de la Virgen María», dijo.
Luego expresó su petición «que me viene del alma al estar en este lugar»: «Aquí la Inmaculada se apareció a Santa Bernardita con el rosario y guio su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto».
También pidió acompañar la oración «con actos concretos de penitencia y de misericordia, y con el compromiso de favorecer siempre el diálogo y la reconciliación».
“Es una gran alegría para mí pasar este momento con ustedes aquí en Lourdes, donde desde hace más de ciento cincuenta años, peregrinos de todo el mundo vienen a encomendarle a Jesús, por medio de María, sus sufrimientos, ya sean físicos, psicológicos o espirituales» dijo el Papa. «Aquí la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado”, destacó el Papa León XIV en su saludo a los enfermos y acompañantes del centro sanitario “Accueil Notre-Dame” en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, durante el encuentro que tuvo lugar esta tarde, en el marco de su Viaje Apostólico a Francia.
En una época “en la que algunas sociedades tienden a apartar la mirada o a cerrar los ojos frente a la dignidad de la vida humana, urge ante todo cultivar, en nosotros y en los demás, una mirada contemplativa”, indicó el Pontífice, quien explicó que es la mirada de “quien ve la vida en su profundidad, percibiendo sus dimensiones de gratuidad, belleza, invitación a la libertad y a la responsabilidad”, de quien “no pretende apoderarse de la realidad, sino que la acoge como un don, descubriendo en cada cosa el reflejo del Creador y en cada persona su imagen viviente”.
