Ayudar al prójimo

Trasmitir la solidaridad: «El que no vive para servir, no sirve para vivir»


La solidaridad debe ser enseñada y transmitida a los niños por medio del ejemplo. Es bueno que los padres ejerciten en el ámbito familiar la ayuda solidaria con vecinos, amigos, familiares, con los propios hijos y haciéndose eco de los pedidos de las organizaciones que se dedican a este fin. Si el chico ve en su entorno la disposición para ayudar a otros copiará esa conducta y será solidario en el colegio con sus compañeros, con sus amigos de juego, etcétera. Para que esto suceda los progenitores deben enseñar al niño a ponerse en el lugar del otro. A partir del segundo año de vida ya empiezan a tener conciencia del otro y entonces conductas como compartir, ayudar se empiezan a hacer presentes y es un momento ideal para empezar a inculcarle el valor de la solidaridad, como una regla más dentro de la educación. Para este logro es muy importante la comunicación entre padres e hijos. La comunicación fomenta la confianza de los niños a las enseñanzas y a la transmisión de valores de sus padres. Se debe hablar con los chicos sobre lo que está bien y lo que está mal y hacerle notar lo que al otro le gustaría y que podrían hacer para cooperar.

 

Un ejemplo de solidaridad donde participaron muchos niños que llevaron juguetes y mucho amor a otros más necesitados fue la Motocaravana Solidaria.(Fotos)

Siempre de buenas maneras hacerle notar los errores, una educación permisiva o autoritaria no es un canal ideal para la transmisión de valores. Hay que buscar el equilibrio para que el entorno sea afectivo y el niño tenga libertad de expresar sus ideas. Es bueno comentar en familia acontecimientos donde se requiere ser solidario y de esa forma promover el valor tan importante de la solidaridad, hacer notar el bienestar que se siente al saber que con un poco de lo nuestro ayudamos a paliar la situación del necesitado. La escuela, también es un ámbito donde se debe trabajar la empatía de los niños hacia sus pares. Por ejemplo: que los más grandes ayuden a los pequeños a llevar la mochila, que compartan material escolar, que visiten o lleven las tareas a algún compañero que esté enfermo. De esa forma se afianza a través de la práctica la conducta solidaria.