Por Paula Winkler
Con motivo de mi último viaje a Barcelona, tuve la oportunidad de visitar el museo Banksy. Célebre su obra en el mundo entero, nadie lo conoce. Excepto que desde aquel movimiento primero en los ochenta del siglo pasado en Bristol, este grafitero británico decidió tomar las calles dibujando, diseñando, pintando.
Es conocida su niña, en busca de un globo que flota y de la otra que se eleva con varios globos multicolores: la belleza intrínseca de la vulnerabilidad, hecha esperanza. En el museo catalán se han reproducido sus espacios de estancia en distintas ciudades, hay vídeos sobre la venta de uno de sus primeros cuadros a un forastero y lucen varias paredes intervenidas por artistas locales, además de seriegrafías de sus dibujos.
Se trata de una bien organizada recorrida por el discurso coherente y dinámico del artista, pleno de humor (y algún escepticismo) con efectos políticos y sociales todavía vigentes, en tanto ridiculiza la distancia entre el poder y la gente, se las toma con la monarquía británica, el futbol y Churchill y hasta crea un ingenioso tromp l´oeil, mediante el que una doméstica descubre limpiando un mural de ladrillos(Foto portada)
Contracultura, arte conceptual, lo que debemos saber es que durante los inicios de esta forma artística, rondaba un fuerte peligro: se perseguía policialmente a los grafiteros, de escasos recursos incluso del material para intervenir cada espacio.
Ante el comentario de una querida amiga que me acompañó a la muestra en sentido de que en definitiva todo arte termina por ser funcional al mercado y a la cultura, como se lo comenté entonces, me parece del caso argumentar que si el artista mantiene su ética contra viento y marea y no exhibe más que su obra, este hecho habla por sí mismo y acerca de él: humildad versus narcisismo. Valoración de hechos y pensamiento más allá de la búsqueda frenética de seguidores en las redes, de banales aplausos y mucho espejo, evitar ese querer tener la razón a toda costa, la banalización del encuentro. ¡Solamente el texto artístico!… A mi juicio subyace aquí un discurso cuando menos digno. Estas imágenes visuales fijas transmiten humor e ironía en la Carrer de Trafalgar y es altamente recomendable para quienes conservan la posibilidad de viajar, sin limitarse a los lugares comunes del entretenimiento.
* Las imágenes pertenecen a mi paso por el mencionado Museo durante setiembre de 2026.



