Por Marita Galano

¿Cómo hacer que te escuchen, en un mundo lleno de ruido?


Por Marita Galano

En un mundo donde la capacidad de atención es cada vez más escasa, donde lo urgente puede ganarle a lo importante, comunicar de manera asertiva dejó de ser un don con el que nacen unos pocos para convertirse en una habilidad que todos necesitamos desarrollar.

Nunca tuvimos tantas herramientas para comunicarnos, ni tantos estímulos compitiendo por nuestra atención: una notificación, un mensaje, un correo.

Todo sucede al mismo tiempo. Vivimos en una competencia voraz por ser escuchados, donde no siempre logra destacarse quien más valor tiene para aportar, sino quien consigue transmitirlo de manera más clara y efectiva.

Diferentes investigaciones vienen dando cuenta de este desafío. En enero de 2026, Harvard Health publicó un artículo sobre la creciente dificultad de concentración.

Pero entonces, ¿cómo logramos diferenciarnos?

El verdadero desafío no es solamente captar la atención, sino conseguir que nuestro mensaje sea escuchado, comprendido y recordado. Es en este punto en el que aparece un componente fundamental: la inteligencia emocional.

Comunicar no es solo elegir las palabras correctas. También implica reconocer aquello que sentimos, regular nuestras emociones, interpretar lo que le sucede al otro y comprender que cada persona recibe nuestro mensaje desde su propia experiencia, necesidades y emociones.

Necesitamos conocer a nuestro interlocutor, escuchar antes de responder y adaptar nuestra manera de comunicar. No se trata de dejar de ser quienes somos, sino de desarrollar la capacidad de generar conexión desde nuestra autenticidad.

Aprender a expresar una idea en una reunión, poner un límite, pedir lo que necesitamos, defender una posición o simplemente decir que no, también forma parte de nuestra manera de posicionarnos frente a los demás.

Porque comunicar no es hablar más o más fuerte. Es saber qué queremos transmitir, a quién tenemos delante y qué necesitamos generar con nuestro mensaje.

Por eso, en un mundo saturado de información, comunicar bien no es solamente ser concretos, claros y efectivos. Es comprender que nuestras palabras no terminan cuando dejamos de hablar: continúan en el otro, en lo que comprende, en lo que siente y en lo que decide hacer a partir de ellas.