Por Carolina Camacho
Faltando unos pocos días para el día del niño, día que para quienes atesoramos y cultivamos el tiempo de la niñez con tanto amor y proyección a futuro, no es un día que nos pasa desapercibido. La niña que fui lo es todo para mí, es mi niña, alguien a quien nunca abandonaré a pesar de los tiempos más terribles vividos en este país. Es muy bueno auto abrazar a quien fuiste y yo realizo mucho ese ejercicio, me auto abrazo mucho, porque me quiero mucho.
De esa época de la niñez puedo rescatar el cortometraje francés “Le ballon rouge” (El globo rojo) del director Albert Lamorisse, estrenado un 19 de octubre de 1956. Un infantil con una duración de 34 minutos, que bien podría entrar en categoría de mediometraje. Es la historia de un niño que encuentra en las calles de Paris un Globo rojo que toma vida propia y decide empezar a seguirlo. Una obra que habla de las pérdidas, de los duelos, y de soltar. El globo parecía tener carácter y voluntad propia, sabía estacionar, elevarse, descender, desplazarse y danzar según la ocasión, hasta que hacia el final del film finalmente el niño pierde al globo, o el globo pierde al niño, o se pierden mutuamente. Es interesante como metáfora de lo que se perdió, de lo que se fue. Tal vez refiere al tiempo de la niñez, que en su carácter tan efímero se vuelve algo así como un tiempo perdido, pero según como se piense puede ser un tiempo ganado. Cuando una sociedad solo te conecta con lo negativo, nunca te van a estimular a que pienses la niñez como un tiempo ganado, bastante para pensar. En el final un enjambre de globos de todos los colores invade el espacio del niño, hasta que éste finalmente se toma de ellos y estos comienzan a elevarse en el aire llevándose al niño a dar un paseo por la ciudad. El film nos dice que, sí logras soltar algo muy preciado por más cariño que le tengas, todo lo que volverá a vos será mucho más colorido y mas grande. Tiene su pedagogía el mensaje. El niño del film, el protagonista “Pascal” es el hijo de su director Albert Lamorisse, quien tres años antes había debutado en el film “Crin blanca” del mismo director, que trata sobre un aventurero caballo blanco y fue una película muy emblemática en su momento.
En el vínculo del niño con el globo rojo se puede observar lo que en la teoría sería la famosa “relación con objeto” del método de Stanislavsky que estudian los actores. Un juego directo con un objeto en escena, desde muy pequeño a este niño actor le encomendaron este encargo escénico y no creo que haya sido nada fácil llevarlo a cabo, filmar el desplazamiento del niño en esa suerte de relación con el globo, que como en el método no deja de ser un objeto con el que relacionarse.
La película tiene cosas del director Jacques Tati en cuanto a lo que significa filmar en las calles y cuestiones que tienen que ver con la simetría de los planos, los diálogos mínimos, el diseño sonoro y la musicalización emotiva que resaltan esa relación entre el niño y el globo. Las calles de Paris de los años 50 nos transmiten una atmósfera melancólica y monocroma, donde el globo rojo destaca y rompe con la monotonía del ambiente. Cierta voluntad traviesa del globo por momentos nos llevan a pensar en como hizo el equipo técnico de Lamorisse para filmar esto en exteriores hace más de 60 años; con hilos y cañas de pescar se logró tomar escenas en donde parece que el globo está estableciendo una danza en el aire, también en otra secuencia donde el globo rojo se encuentra con un par, un globo azul que es llevado por una niña interpretada por la otra hija del director Lamorisse, Sabine Lamorisse y confrontan ambos globos, lo que deja la puerta abierta para que 65 años después haya servido de punto de partida para filmar “Le ballon bleu” (El globo azul) que se convirtió en una carta de amor y un homenaje al cortometraje original.
El niño “Pascal” siente que todas las figuras de autoridad con las que se cruza, llámese adultos, quieren separarlo de su amigo el globo, nadie parece entender su diálogo lúdico con el globo. Y la secuencia que antecede al final que muestra el desenlace del globo rojo y nos enfrenta con un enorme dolor para Pascal, que siente por primera vez su ausencia, y ante ese dolor un enjambre de globos se percata de la pérdida y van a compensarlo por ese dolor. Un final que sugiere que, ante toda injusticia, siempre debería llegar una revolución de colores y fantasía, dándole mucho simbolismo al asunto y siendo calificada nada más ni nada menos que como un film de “realismo mágico”. Una película muy linda de ver y con un mensaje de esperanza respecto a los duelos en los niños, un film que todos los niños de esa edad deberían ver.
El próximo domingo es el día del niño y tenemos una buena excusa para volver a ver el corto, y los que tienen sobrinos mostrárselo a sus sobrinos, se encuentra disponible en YouTube, aquí abajo el link: https://youtu.be/bJaTXjLDcm4?si=5mEXFIqwGXR3tLdR
Ya que una sociedad que no conecta con la propia niñez, con el propio niño interior, es una sociedad que está muy perdida. Nos quieren empujar a que estemos preocupados todo el día y que no nos acordemos de nuestro niño interior ni cinco minutos. No permitamos que nos roben más nuestra propia niñez, además de todo lo que ya nos están robando.
(*) Realizadora Audiovisual por el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda y Licenciada en Enseñanza de las Artes Audiovisuales por Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica y Universidad Nacional de San Martín.
Fuente foto: culturainquieta
