Sobre el libro "Entre Mares"

Vínculos tóxicos: ¿por qué todavía los romantizamos?


Las historias de amor que consumimos en libros, series, películas y redes sociales suelen presentar la intensidad, el sufrimiento y la dependencia como pruebas de un amor verdadero. Sufrir por alguien aparece como sinónimo de amar mucho. Sin embargo, cada vez más voces empiezan a cuestionar esa idea y a proponer otra mirada: un vínculo sano puede sentirse menos espectacular, pero es infinitamente más seguro.

Ángeles Alonso Saavedra, escritora y fonoaudióloga especializada en discapacidad y trastornos del lenguaje, es una de esas voces. En su primera novela, *Entre Mares*, propone una reflexión profunda sobre los vínculos, la sanación y la transformación personal. “Creo que el primer paso para dejar de idealizar las historias que consumimos en series, películas y ficciones donde el amor se equipara con sufrimiento es aceptar que el amor es una decisión que se construye todos los días. Eso no significa que todo deba ser color de rosa: las diferencias y los conflictos existen, pero la clave está en conocer nuestros propios límites, sin confundir el dolor con una prueba constante de amor. El amor debería ser el lugar al que recurrimos para apagar el sufrimiento, no para alimentarlo; un espacio donde buscamos paz en lugar de intensidad. Debería ser un refugio donde podamos sentirnos seguros, respetados y acompañados”, sostiene.

Ángeles Alonso Saavedra

La novela cuenta la historia de Vittoria, una joven de 17 años que carga con un trastorno alimenticio fuerte originado en un trauma de la infancia. En Bahía Alerce conoce a Tomás y a Lorenzo, dos formas distintas de amor que resultan vitales para su desarrollo. A través de este proceso, la protagonista intenta volver a conectar con la vida, sanar y transformarse. “Lo que intento mostrar con esta historia es que el amor no cura por sí solo ni tiene el poder de reparar todas las heridas. Pero sí puede acompañar, sostener y brindar un espacio seguro desde el cual sea más fácil animarse a sanar. Siempre la decisión, la voluntad y el trabajo de reconstruirse pertenecen a uno mismo. Incluso creo que es peligroso depositar en otra persona la responsabilidad de salvarnos, porque ninguna relación puede sostener ese peso. El amor puede ser un refugio, un impulso o un compañero de camino, pero nunca el reemplazo del propio proceso de sanación”, reflexiona la autora.

Ángeles escribe desde una experiencia personal. Ella también transitó un trastorno de la conducta alimentaria y convive con dismorfia corporal. “Es un fantasma que te acompaña toda la vida. Nunca me voy a sentir del todo cómoda con mi imagen”, reconoce. Quiso escribir algo que le hubiera gustado leer cuando era adolescente: no desde la victimización, sino mostrando cómo ese padecimiento limita el resto de la vida, genera pensamientos oscuros y hace que uno se pierda muchas cosas. “La mejor forma de escribir biografía es la ficción”, dice. El trastorno alimenticio parte de su historia, pero el resto —incluidas las historias de romance— es ficción.

La novela nació en un momento particular: las noches de insomnio del posparto. Ángeles siempre había escrito y leído mucho. La lectura fue para ella un gran escape. “A veces uno tiene un sentimiento que no puede poner en palabras, pero cuando lo lee escrito por otra persona se identifica. Fue lo que quise crear al escribir esta novela”. Aunque tenía otros manuscritos guardados y había hecho varios talleres de escritura, con *Entre Mares* sintió algo distinto: “Este tiene que salir”.

Más allá de los trastornos alimenticios —Argentina es el segundo país del mundo con más casos—, la novela también habla de pérdida y reconstrucción. Ángeles transitó un camino personal de pérdidas gestacionales por trombofilia adquirida, una enfermedad que le diagnosticaron después de tres abortos espontáneos. Aunque el libro no aborda la maternidad de manera directa, sí trabaja la experiencia de perder y tener que reconstruirse. “Uno puede estar en el pozo más oscuro, pero siempre hay algo que nos alienta a salir. Eso le pasa a Vittoria”.

Hoy se habla más que nunca de salud mental, ansiedad y trauma. Sin embargo, Alonso Saavedra es cautelosa: “Ponerles nombre no significa haber aprendido a transitarlos. La conversación es un gran comienzo, pero después viene el proceso real, que suele ser mucho más largo, silencioso e individual. El amor propio no es fácil, los caminos no son lineales y la sanación es contradictoria”.

*Entre Mares* no romantiza el dolor. Todo lo contrario. Muestra a una protagonista que, pese a cargar con un trastorno alimenticio y una enfermedad psiquiátrica, no se victimiza. El arte aparece como una herramienta poderosa: “Para un alma llena de muerte, el arte es un milagro”. Un escape para transformar la tristeza y un canal para ofrecerle algo al otro.

Cuando puso el punto final, Ángeles se largó a llorar. No podía creer que había terminado. Al día siguiente llamó a su profesor de taller para pedirle ayuda, porque sabía que quería publicar. Siempre tuvo claro que serían dos libros. El final del primero deja un plot twist pensado para que el lector quiera seguir con el segundo tomo, que llegará el año que viene.

En un contexto cultural que todavía asocia el amor con el sufrimiento y la intensidad, *Entre Mares* propone otra posibilidad: la de un vínculo que no consume, que no exige pruebas constantes de dolor y que, en cambio, ofrece un espacio seguro para sanar.

Por Coni Soaje @lasmachine