Por María Alexandra Barreto
La salud no depende solo de medicamentos o tratamientos. La alimentación, la actividad física, el sueño y el manejo del estrés también ocupan un lugar fundamental en la prevención y el abordaje de distintas enfermedades. Sobre esa premisa trabaja la Medicina del Estilo de Vida, una práctica basada en evidencia que busca intervenir sobre hábitos y conductas para prevenir, tratar y en determinadas circunstancias, favorecer la remisión de enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes y otras patologías vinculadas con factores de riesgo.
Para profundizar sobre este enfoque, Nota al Pie entrevistó al médico rosarino Ariel Kraselnik, especialista en cardiología y referente de la prevención cardiovascular, el metabolismo y la nutrición basada en plantas. Actualmente se desempeña como profesor adjunto de Fisiopatología en la Licenciatura en Nutrición de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL), es presidente Sociedad Argentina de Medicina del Estilo de Vida (SAMEV), y está a cargo de dos posgrados en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR): “Nutrición Basada en Plantas. Salud, Ética y Soberanía Alimentaria” y “Estudios Avanzados en Nutrición Basada en Plantas”.
A lo largo de su trayectoria enseñó en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Favaloro, en áreas como Fisiología, Farmacología y Cardiología. También creó los cursos de capacitación “Lípidos: de la biología a la clínica” y “Lectura crítica de artículos científicos de nutrición”. En 2023 fue seleccionado para formar parte del programa de Líderes Emergentes de la World Heart Federation.
El vínculo de Kraselnik con la nutrición comenzó a partir de una decisión personal. Durante la residencia de cardiología decidió dejar de consumir carne y sus derivados por motivos éticos, lo que lo llevó a profundizar sus conocimientos sobre alimentación y a investigar utilizando herramientas de lectura científica. Con el paso de los años, aquella búsqueda terminó convirtiéndose en un eje de su carrera profesional.
“Desde casi 10 años el foco de mi estudio se centró en eso, y después me fui metiendo en otras cosas relacionadas a la Medicina del Estilo de Vida”, explicó. “La nutrición y aprender sobre ella, sin duda fue un punto muy relevante que se gatilló por un cambio personal y que luego definió mi práctica también profesional”, agregó. Así, la nutrición fue de esta manera se convirtió en la puerta de entrada hacia una concepción más amplia de la medicina, en la que los hábitos y las condiciones de vida de las personas adquieren un papel central.
Para el docente e investigador, la Medicina del Estilo de Vida tiene una definición concreta: “Son intervenciones basadas en evidencia para prevenir, tratar y, en ocasiones, revertir enfermedades y sus factores de riesgo”. Su abordaje puede aplicarse a personas, familias y comunidades.
El doctor mencionó que actualmente no existe un médico especialista en esta rama, ni está reconocida como tal por los ministerios de Educación o de Salud. Sin embargo, consideró que se trata de una forma diferente de ejercer la medicina.
La diferencia está en el enfoque, las herramientas utilizadas, la manera de encarar la consulta y el rol que ocupan tanto el médico como el paciente. “Viene a revalorizar muchas cosas que se aprenden de una forma muy superficial en la carrera, como la importancia de los hábitos y cómo implementarlos en una consulta”, puntualizó.
Otro de los puntos centrales es el trabajo interdisciplinario. La alimentación saludable, la actividad física, el manejo del estrés y los vínculos saludables no dependen exclusivamente de una indicación médica, sino de un conjunto de herramientas y profesionales que pueden acompañar esos procesos.
“Hay intervenciones que son de muy bajo costo y muy poco tecnológica que el médico puede prescribir, pero no hace falta serlo para hacer medicina de estilo de vida. Para fomentar una alimentación saludable, una forma de vida activa, tener estrategias de manejo de estrés, vínculos saludables, se necesita todo un grupo de personas profesionales y también de no profesionales que faciliten eso”, resaltó. “Es una forma muy linda de hacer medicina y no es nueva, sino que es algo muy antiguo lo de la importancia de los hábitos. Pero sí es diferente en cuanto a cómo se suele ejercer la medicina y cómo se suele enseñar en la facultad”, manifestó.
Durante años, hablar de bienestar estuvo fuertemente asociado a medicamentos y tratamientos. La Medicina del Estilo de Vida propone ampliar esa mirada. En el terreno cardiovascular, El cardiólogo Kraselnik destacó el peso que tienen los hábitos y mencionó que el 80% de los casos de enfermedad cardiovascular son prevenibles.
La alimentación y la actividad física son dos de los factores preventivos con mayor evidencia disponible, pero el sueño también comenzó a consolidarse como un pilar de la salud general y cardiovascular. A ellos se suma el manejo del estrés y otros factores que empiezan como la contaminación del aire que ahora empiezan a cobrar mayor relevancia, de acuerdo al especialista.
La conclusión es clara: La prevención no comienza cuando aparece una enfermedad, sino que se construye mucho antes mediante las condiciones y conductas cotidianas.
Como presidente de SAMEV, Kraselnik identificó varios desafíos para incorporar este enfoque de manera más amplia al sistema sanitario argentino. El primero es lograr un mayor reconocimiento de que la intervención sobre los hábitos es fundamental para la salud pública porque estos impactan directamente en el bienestar de las personas y por eso es necesario contar con programas concretos y políticas públicas de prevención.
“Para eso no hay que crear evidencia porque ya está generada, pero sí hace falta lograr evidencia a nivel local”, resaltó. Según señaló, se cuenta con datos de varios países y pocos de Argentina, que demuestran la magnitud del impacto que tienen los bueno y malos hábitos en la salud. “Concientizar de eso a la dirigencia, a los decisores, es muy importante porque a partir de allí se podrían armar programas más serios y más abarcativos en lo que es la prevención primordial”, añadió.
“Esa tarea debería comenzar incluso antes de que aparezcan los factores de riesgo: En las escuelas, con personas jóvenes y mediante políticas que favorezcan ambientes más saludables”, expresó. “Pero las dificultades también aparecen dentro del consultorio. Una consulta de Medicina del Estilo de Vida necesita tiempo para construir una buena relación entre médico y paciente, y articular con otros profesionales si es necesario”, agregó.
Es importante resaltar que este tipo de consultas debería durar al menos 40 minutos e incluso más, mientras que el sistema sanitario muchas veces está organizado para atender pacientes en turnos de 10 o 15 minutos. A esto se suma la fragmentación del sistema y las dificultades económicas que atraviesa la profesión médica.
Al respecto, el doctor explicó que la respuesta depende de cada persona y de la enfermedad de la que se trate. “Existen condiciones crónicas en las que los cambios de estilo de vida pueden producir resultados significativos”. Uno de los casos que mencionó es la diabetes, enfermedad para la que prefirió hablar de remisión antes que de reversión.
“La remisión implica alcanzar niveles de control glucémico que ya no corresponden a diabetes sin medicación”. Según explicó, esto puede lograrse mediante determinadas intervenciones de estilo de vida, aunque requiere un programa intensivo y estructurado.
También existen factores de riesgo que pueden mejorar considerablemente, como la hipertensión arterial, el colesterol o los triglicéridos elevados y la glucemia elevada. En ese sentido, Ariel hizo una aclaración importante: hábitos saludables y medicación no necesariamente son opciones enfrentadas. “Un paciente puede continuar necesitando medicación mientras mejora su estilo de vida. En algunos casos, estos cambios pueden permitir reducir dosis o incluso retirar determinados tratamientos, siempre de acuerdo con la situación particular de cada persona. Además, un estilo de vida saludable puede contribuir a que la medicación funcione de manera más efectiva”.
La prevención también plantea una pregunta más amplia: ¿Qué significa realmente mejorar la salud de una población? Para Kraselnik, no alcanza con aumentar la expectativa de vida. También es necesario mejorarla e indicó que actualmente existe una diferencia de alrededor de 10 años entre ambas variables. Es decir, muchas personas atraviesan una parte importante de sus últimos años de vida conviviendo con alguna enfermedad.
“Esto no solo afecta a quienes padecen esas condiciones. También repercute en las familias y en las personas encargadas de los cuidados, además de generar costos para el sistema sanitario relacionados con ausentismo y licencias”.
Frente a este escenario, recomendó sobre políticas públicas que permitan acceder con mayor facilidad a alimentos saludables, espacios para realizar actividad física y ámbitos que favorezcan vínculos saludables. También ponderó que las nuevas generaciones tienen una mayor conciencia sobre sus hábitos.
Para quienes sienten que viven “a mil”, el doctor propuso empezar por una pregunta: ¿Qué estrategias tengo para manejar mi estrés?, y aclaró que el estrés forma parte de la vida y no necesariamente es algo negativo. La cuestión central es cómo afecta a cada persona, cómo reacciona frente a determinadas situaciones y qué consecuencias puede tener sobre el organismo.
“Las estrategias pueden ser diferentes según cada caso. Algunas pueden recurrir a un profesional, realizar actividades que les permitan relajarse, tener mayor contacto con la naturaleza, fortalecer sus vínculos o reservar un espacio de tiempo personal”.
También propuso distinguir entre los problemas que pueden modificarse inmediatamente y aquellos que requieren una planificación a mediano o largo plazo. “Por ejemplo, una persona puede sentir estrés por su trabajo y no tener la posibilidad de cambiarlo en el corto plazo. En ese caso, puede desarrollar herramientas para atravesar mejor esa situación, mientras piensa en una solución futura”. La clave es no naturalizar el estrés cuando comienza a afectar la calidad de vida y buscar herramientas para reducir su impacto.
Otro de los fenómenos que genera preocupación es la enorme cantidad de suplementos que se promocionan en redes sociales y otros canales. Kraselnik pidió evaluar cada producto de manera individual. No consideró correcto hablar de “los suplementos” como una categoría homogénea, porque cada uno puede tener indicaciones, efectos adversos, contraindicaciones e interacciones diferentes.
El problema, explicó, es que se trata de un mercado multimillonario y que muchos productos son de venta libre. Además, cuestionó la calidad de parte de la evidencia utilizada para promocionarlos. “Algunos estudios pueden tener limitaciones metodológicas, contar con muestras pequeñas o incluso basarse en investigaciones realizadas en cultivos celulares o animales de laboratorio”, comentó.
Por eso, recomendó consultar antes de consumir un suplemento y analizar si realmente es necesario para cada persona. “Siempre hay que evaluarlo punto por punto. Hay suplementos que tienen su indicación y que son muy buenos y hay otros que no. En el mejor de los casos no hacen nada, y en el peor pueden generar un problema y un gasto”.
Las redes sociales se convirtieron en una de las principales fuentes de información cotidiana, sobre todo en materia de salud. Para el Doctor, allí existe un problema: personas sin formación médica o científica que ofrecen consejos, como si fueran recomendaciones profesionales. Fue contundente al respecto y consideró que este tipo de prácticas no debería ocurrir.
Frente a la cantidad de información disponible, recomendó que las personas sean especialmente cuidadosas y recurran a profesionales con formación clínica y herramientas para interpretar artículos científicos. Por otro lado, subrayó que existe difusión de información de baja calidad, contribuye a que las personas se confundan todavía más.
La Medicina del Estilo de Vida propone volver a colocar los hábitos en el centro de la conversación sanitaria. Alimentación, actividad física, sueño, manejo del estrés y vínculos saludables no son elementos aislados, sino piezas de un mismo abordaje preventivo. Ariel Kraselnik es abanderado de que el desafío consiste en que esta mirada pueda salir del terreno individual y convertirse también en una política pública capaz de generar mejores condiciones de vida.
El objetivo final no es solamente prevenir enfermedades. También es vivir más años con una mejor calidad de vida, con un sistema de salud que pueda intervenir antes de que aparezcan los problemas y acompañar a las personas de manera integral cuando estos ya están presentes.
Fuente Nota al Pie
Foto portada Doctoralia
