Por Albina Gabriela Silva Simajovich

¿Y si tu relación con el dinero pudiera cambiar con una pregunta?


Por Albina Gabriela Silva

Finanzas, Marca Personal y el Poder de entrenar nuestra atención hacia nuevas posibilidades. Hay preguntas que buscamos responder. Y hay preguntas que tienen el poder de cambiar aquello que estamos disponibles para ver.

Cuando hablamos de dinero, muchas veces nuestra conversación interna está llena de afirmaciones que no elegimos conscientemente:

“No me alcanza.”

“No soy buena para administrar.”

“Necesito vender más.”

“El dinero cuesta.”

“Cuando gane más, voy a estar tranquila.”

¿Y si pudiéramos comenzar a formularnos preguntas diferentes?

Desde mi trabajo como Consultora Empresarial Senior, Coach Internacional ICF y Técnica Universitaria en Administración, acompaño a emprendedores y profesionales a mirar sus negocios no solamente desde los números, sino también desde la relación que construyen con el dinero, con su identidad profesional y con las decisiones que toman. Y en ese camino descubrí una herramienta sencilla y poderosa: las A-formaciones.

De la afirmación a la A-formación

Una afirmación declara.

Una A-formación pregunta.

La propuesta es tomar una frase formulada en presente y transformarla en una pregunta que presupone una posibilidad.

Por ejemplo:

Afirmación:

“Soy una mujer que administra su dinero con seguridad.”

Aformación:

“¿Por qué soy una mujer que administra su dinero con tanta seguridad?”

La diferencia parece pequeña, pero cambia el foco de nuestra atención.

En lugar de intentar convencerte de algo que quizás todavía no sentís como verdadero, la pregunta abre un espacio para que tu mente explore posibles respuestas.

Y ahí aparece algo interesante: las preguntas dirigen nuestra atención.

Si constantemente nos preguntamos “¿por qué nunca me alcanza el dinero?”, probablemente nuestra atención busque evidencias de escasez.

Pero si comenzamos a preguntarnos:

“¿Por qué cada vez encuentro nuevas maneras de administrar, generar y multiplicar mis recursos?”

La conversación interna comienza a moverse hacia otro lugar.

No se trata de repetir una frase mágicamente esperando que el dinero aparezca.

Se trata de entrenar nuestra manera de observar, interpretar y decidir.

¿Qué tiene que ver esto con las finanzas? Muchísimo. Porque administrar dinero no es solamente hacer cuentas. También implica observar qué hacemos cuando cobramos, cuando vendemos, cuando tenemos más dinero, cuando tenemos menos, cuando debemos tomar una decisión o cuando aparece una oportunidad.

Nuestra relación con el dinero puede influir en nuestras decisiones empresariales. Por eso, además de preguntarnos cuánto ingresamos, cuánto gastamos o cuánto queremos facturar, podemos comenzar a hacernos preguntas diferentes:

Por eso, además de preguntarnos cuánto ingresamos, cuánto gastamos o cuánto queremos facturar, podemos comenzar a hacernos preguntas diferentes:

¿Por qué cada vez administro mejor el dinero que ya tengo?

¿Por qué puedo tomar decisiones financieras con mayor claridad?

¿Por qué estoy aprendiendo a relacionarme con el dinero desde la tranquilidad y no desde la urgencia?

Las preguntas no reemplazan la educación financiera ni la planificación.

Las complementan.

Porque una estrategia financiera necesita números, pero también necesita una persona disponible para tomar decisiones.

Y entonces aparece la marca personal

Nuestra marca personal también tiene una conversación interna.

Antes de que alguien vea nuestro contenido, nuestra propuesta o nuestro producto, muchas veces nosotras ya estamos negociando internamente con nuestra propia percepción de valor.

“¿Quién me va a comprar?”

“Hay personas que saben mucho más que yo.”

“No quiero parecer insistente.”

“Todavía no estoy preparada.”

Pero podemos comenzar a formular nuevas preguntas:

¿Por qué mi experiencia tiene valor para las personas que necesitan lo que sé hacer?

¿Por qué comunicar mi trabajo se vuelve cada vez más natural para mí?

¿Por qué cada vez más personas reconocen el valor de mi propuesta?

La marca personal no se construye solamente publicando contenido.

Se construye cuando existe coherencia entre quién soy, qué sé hacer, qué valor aporto y cómo lo comunico.

Y para eso necesitamos empezar por algo fundamental: reconocernos como protagonistas de nuestra propia historia profesional.

Una pregunta puede abrir una posibilidad

Te propongo un pequeño ejercicio.

Elegí una frase que hoy aparezca frecuentemente en tu conversación interna.

Por ejemplo:

“No me alcanza el dinero.”

Ahora convertí esa frase en una afirmación posible:

“Administro mi dinero con mayor conciencia y seguridad.”

Y finalmente transformala en una A-formación:

“¿Por qué administro mi dinero con cada vez mayor conciencia y seguridad?”

No busques responderla inmediatamente.

Escribila.

Leela.

Observá qué pensamientos aparecen.

Y, sobre todo, preguntate:

¿Qué acción concreta podría tomar hoy una mujer que ya está empezando a vivir esa realidad?

Porque ahí está la verdadera transformación.

La pregunta puede abrir una posibilidad.

La posibilidad puede generar una nueva mirada.

Y una nueva mirada puede llevarnos a tomar una decisión diferente.

Finanzas, marca personal y elección

Tal vez la verdadera abundancia no comienza cuando tenemos más.

Tal vez comienza cuando podemos ver, administrar, valorar y utilizar de una manera diferente aquello que ya tenemos.

Dinero.

Conocimientos.

Experiencia.

Contactos.

Ideas.

Tiempo.

Talento.

Visibilidad.

Y también nuestra propia voz.

Por eso, la próxima vez que aparezca una afirmación limitante, probá transformarla en una pregunta.