Por Evelyn Godoy*
Cada año, durante la Semana Mundial de la Lactancia, la lactancia vuelve a ocupar un lugar visible en la agenda pública. En 2026, el lema propone una invitación concreta: “Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona”.
La propuesta resulta especialmente interesante porque nos invita a mirar más allá de la promoción de la lactancia y a preguntarnos qué condiciones permiten que una persona pueda construir y sostener su experiencia de lactancia si así lo desea.
Porque la lactancia no sucede en el vacío. Se desarrolla en un cuerpo, dentro de una familia y una comunidad, en relación con un sistema de salud y en un contexto social, económico y cultural determinado. Por eso, hablar de lactancia también implica hablar de información, acompañamiento, atención profesional, políticas públicas, condiciones laborales y redes de apoyo.
Una semana para visibilizar una tarea que continúa todo el año: La Semana Mundial de la Lactancia cumple un rol fundamental. Permite sensibilizar, promover políticas y prácticas de protección y apoyo, y poner en agenda las brechas que todavía persisten. Pero la lactancia no es una preocupación de una semana. Y esto no significa que durante el resto del año no se trabaje en lactancia. Por el contrario: existen asociaciones profesionales, instituciones formadoras, organizaciones y colectivos que sostienen esta tarea de manera permanente. Hay escuelas que forman y capacitan profesionales, especializaciones y espacios de actualización y formación continua; profesionales de distintas disciplinas que investigan, producen conocimiento y revisan sus prácticas; y asociaciones como la Unión de Puericultoras Argentinas (UPA), que trabajan por la visibilización de la lactancia y de la puericultura. Todo ese trabajo existe y se construye durante todo el año. El desafío es que pueda ser más visible, reconocido y accesible. Porque muchas veces el acceso a información y acompañamiento depende de que una familia conozca que estos recursos existen, pueda encontrarlos y tenga la posibilidad de acceder a ellos. La información y el conocimiento no deberían circular únicamente entre quienes ya están buscando ayuda.
Promover la lactancia no es responsabilizar: Una de las discusiones centrales en torno a la lactancia es el riesgo de convertir una cuestión social y colectiva en una responsabilidad exclusivamente individual. Cuando una persona no logra sostener la lactancia como había imaginado, muchas veces la explicación se reduce a una supuesta falta de voluntad o esfuerzo. Sin embargo, las experiencias de lactancia están atravesadas por múltiples factores: la información disponible, el acompañamiento recibido, las prácticas institucionales, las condiciones laborales, la situación económica y las redes familiares y comunitarias, entre otros. Por eso, defender la lactancia no debería significar responsabilizar a quien amamanta por el resultado de su experiencia. Las puericultoras no acompañamos para imponer una duración ideal, una cantidad ideal de tomas o una única manera correcta de vivir la lactancia. Acompañamos para brindar información, escuchar, identificar dificultades, ofrecer herramientas y articular con otros profesionales cuando la situación requiere un abordaje interdisciplinario. Desde mi práctica profesional, elijo un acompañamiento integral y contextualizado: comprender que cada experiencia de lactancia es única y que no puede pensarse separada de la persona, su historia, sus vínculos y las condiciones en las que vive.
Fortalecer lo que funciona: El lema de este año nos invita a fortalecer aquello que ya existe y que funciona. Desde Estudio Lactancia y desde Alma Mater, la escuela de puericultura de la que formo parte, trabajo para que la lactancia pueda ser abordada desde una mirada integral, respetuosa y contextualizada, y para que las profesionales puedan acceder a formación y herramientas que les permitan acompañar mejor. Ese trabajo también forma parte de la construcción de redes. La lactancia necesita estar presente en los sistemas de salud, en las instituciones educativas, en los lugares de trabajo, en las políticas públicas, en los medios de comunicación y en las comunidades. Necesita profesionales formadas, investigación, actualización y espacios que permitan seguir construyendo conocimiento.
No se trata de afirmar que nada se hace..Se hace mucho. Pero todavía necesitamos que ese trabajo sea más conocido, más visible y más accesible. Y esto no es responsabilidad únicamente de las familias que buscan ayuda: requiere el compromiso de las instituciones, las asociaciones profesionales, los equipos de salud, los espacios de formación y también del Estado.
Si queremos construir comienzos sostenibles en la vida, no alcanza con decir que la lactancia es importante. También necesitamos construir las condiciones para que quienes desean amamantar puedan acceder a información confiable, acompañamiento profesional y redes de apoyo.
La Semana Mundial de la Lactancia es una oportunidad para visibilizar una tarea que ya existe.Pero la formación, la investigación, el acompañamiento y la construcción de redes necesitan ser reconocidos y fortalecidos durante todo el año.
Porque la lactancia no se sostiene únicamente con voluntad. Se sostiene con información, con acompañamiento y con una comunidad que también se compromete a hacerla posible.
*puericultora
Foto Crédito: g5noticias.cl
