Transmitiendo cultura a través de la lectura

Ser una abuela cuentacuentos


“Nos convoca la lectura en voz alta y las ganas de compartir historias con los más chicos”, expresa el grupo de voluntarias de San Justo, provincia de Santa Fe. La Fundación Mempo Giardinelli coordina este proyecto en distintas ciudades del país.

“Entramando generaciones con cuentos, canciones, juegos y miles de acciones”. De esta manera, definen las abuelas la actividad que realizan desde hace cuatro años en la localidad de San Justo, provincia de Santa Fe. El voluntariado de Abuelas Cuentacuentos es uno de los programas pioneros y reconocidos que sostiene la Fundación Mempo Giardinelli que se replica en distintas ciudades del país y del mundo.

Trece abuelas y dos abuelos integran el grupo de esta localidad santafesina. Son amas de casa, profesionales o ya pertenecen a otras organizaciones o voluntariados. “La idea de sumarse al proyecto surge para trabajar con los adultos mayores desde distintas organizaciones y centros barriales”, explica Patricia Torres como coordinadora.

Hasta ese momento solo leían historias para sus nietos pero las ganas de compartir la lectura con otros hizo que su voz llegara a nuevos espacios. “Para muchas abuelas significó descubrirse como lectoras, aunque al principio no todas se animaban. También acercarse a otros textos de literatura infantil y juvenil, más allá de los clásicos”. El grupo disfruta de leer en instituciones y también de reunirse a compartir sus experiencias lectoras.

Con una biblioteca móvil recorren escuelas, merenderos de la ciudad y otras localidades cercanas. En tiempos de pandemia, esa lectura que llegaba con la palabra, y también con la mirada y los gestos empezó a registrarse en audios a través de WhatsApp. También grabaron videos que compartieron por Facebook donde relataron los recuerdos y las experiencias vividas con sus abuelos. “La necesidad de recuperar los vínculos se extendió más allá del grupo y surgió una producción increíble que llamamos Las abuelas de los abuelos”, cuenta Patricia.

La lectura en voz alta no se improvisa, se trabaja primero sobre los criterios de selección de los textos, teniendo en cuenta además algunas estrategias que permitan descubrir los intereses de los chicos y el contacto visual. “El lector se construye a cualquier edad. Si existe una tarea que nos convoca no importa lo que hayas hecho antes, si sos ama de casa o la primera mujer médica del lugar”, destaca. La coordinadora invita a que más abuelos y abuelas se sumen al proyecto, y puedan replicar la experiencia en Rosario y otras localidades de la provincia.

Compartir lectura

“El vínculo que se genera con los chicos es increíble, y aunque sea de manera presencial o virtual siempre tenemos que valorizar el objeto libro. Nos convoca la lectura y las ganas de entramar generaciones en esta experiencia que siempre nos agradecen cuando en realidad somos nosotras las que estamos felices de hacer algo hermoso por los demás”, reconocen las abuelas cuentacuentos.

“La manta de las historias” es una de las lecturas habituales y más valiosas de cada encuentro porque propone dibujar historias en las telas que llevan las abuelas. Luego se ocupan de coserlas y hacer una manta o alfombra que regalan en algunos de los espacios que visitan.

Cómo surge este proyecto

La idea de crear un programa de Abuelas Cuentacuentos empezó a gestarse en 1999 por el escritor Mempo Giardinelli, luego de visitar Alemania y tomar contacto con un grupo de adultos mayores que visitaban hospitales para leer cuentos y poemas a enfermos terminales. Inspirado en esta experiencia que transformó, la premisa empezó a ser llevar lecturas a quienes comienzan la vida como una oportunidad de acceder al libro y ejercer su derecho a la lectura. Hoy el programa se replica en más de setenta ciudades de América Latina.

Por Paulina Schmidt.

Fotos (Abuelas Cuentacuentos)

Fuente: www.degrandesychicos.com.ar