Por Carolina Winograd

Pelo de verano: cómo protegerlo del sol, el mar y el cloro sin complicar la rutina


Por Carolina Winograd*

Con la llegada del calor, nuestro pelo empieza a mostrar algunos cambios: pierde brillo, se siente más seco, se enreda con facilidad y parece necesitar un tratamiento de rescate. No es casualidad. El sol, la sal del mar, el cloro de la pileta, el viento y hasta el aire acondicionado pueden afectar su aspecto y su textura si no tomamos algunas precauciones. Pero la solución no es resignarnos a tener el pelo castigado durante todo el verano ni intentar recuperarlo cuando el daño ya es evidente. La clave está en anticiparnos con cuidados simples, sostenibles y adecuados para nuestro cabello. No necesitamos rutinas interminables ni llenar el baño de productos. Necesitamos entender qué le pasa a nuestro pelo, elegir fórmulas que respondan a nuestras necesidades y sostener algunos hábitos. Porque disfrutar del verano y cuidar nuestra salud capilar no deberían ser dos cosas incompatibles.

¿Por qué el verano puede afectar tanto nuestro pelo?

Aunque no siempre lo notemos de inmediato, la exposición al sol, el agua salada y el cloro puede alterar la superficie de la fibra capilar y modificar su comportamiento.

 

La radiación ultravioleta puede degradar proteínas y pigmentos del cabello, favorecer la pérdida de brillo y contribuir a los cambios de color. La sal que queda después de un baño de mar puede aumentar la sensación de sequedad y aspereza, mientras que el agua de las piletas, especialmente en combinación con otros factores ambientales, puede contribuir a que el pelo se vuelva más difícil de manejar y desenredar.

 

A esto se suman el viento, la fricción y el uso frecuente de herramientas de calor, que pueden aumentar el desgaste de la fibra.

 

Hay algo que me parece fundamental: no tenemos que esperar a que el pelo pierda su suavidad o empiece a quebrarse para cuidarlo. La prevención es nuestra mejor aliada, sobre todo cuando repetimos estas exposiciones durante varios días seguidos.

 

Cinco hábitos simples que pueden transformar tu pelo este verano

1. Antes de entrar al agua, mojá tu pelo

Parece demasiado sencillo para ser importante, pero es un hábito que vale la pena incorporar.

Mojar el cabello con agua dulce antes de entrar al mar o a la pileta puede ayudar a reducir la cantidad de agua salada o clorada que absorbe, aunque el efecto depende de las características de cada pelo y de las condiciones de exposición.

Al salir, enjuagarlo nuevamente con agua dulce ayuda a retirar la sal, el cloro y otros residuos que quedan sobre el cabello.

Son dos gestos que llevan apenas unos segundos y que, repetidos a lo largo del verano, pueden formar parte de una rutina de cuidado mucho más efectiva.

2. Protegelo del sol, igual que protegés tu piel

El sol no solamente puede afectar el color y la textura del pelo. También puede dañar el cuero cabelludo, que es piel y necesita protección.

Los sombreros, las gorras y los pañuelos son grandes aliados, especialmente durante las horas de mayor radiación. Además de proteger el cabello, ayudan a cubrir el cuero cabelludo, una zona que muchas veces olvidamos cuando pensamos en los cuidados solares.

Si pasás mucho tiempo al aire libre, también podés incorporar un producto capilar formulado con protección UV. Es importante elegir productos específicamente diseñados para ese fin y seguir las indicaciones de uso. No se trata de esconderse del sol, sino de disfrutarlo con inteligencia. Incorporar pequeños hábitos de protección puede ayudarnos a llegar al final del verano con el pelo en mejores condiciones.

3. Elegí productos que hagan más de una cosa

Soy una gran defensora de simplificar nuestras rutinas, y el cuidado capilar no debería ser la excepción.

 

¿Realmente necesitamos un producto para cada necesidad? No siempre. La elección depende del tipo de cabello, de su estado y de lo que busquemos conseguir, pero existen fórmulas multifunción que permiten acondicionar, suavizar, facilitar el desenredado y ayudar a controlar el frizz sin sumar demasiados pasos.

 

Algunos acondicionadores, cuando están formulados para eso, también pueden utilizarse como tratamientos de mayor intensidad o como productos sin enjuague. Lo importante es respetar las indicaciones de cada fórmula y no asumir que todos los productos sirven para los mismos usos.

 

Me gusta esta filosofía porque nos permite ahorrar tiempo y espacio, algo especialmente práctico cuando vamos al gimnasio, viajamos o pasamos el día en la playa.

 

También podemos considerar los formatos sólidos, que permiten reducir la cantidad de envases que llevamos y simplificar el neceser. La elección dependerá de nuestras preferencias y de las necesidades de nuestro pelo.

 

La clave no está en acumular productos, sino en elegir fórmulas versátiles, efectivas y adecuadas para nosotras. Una rutina simple, bien pensada y constante puede ser mucho más útil que una colección de productos que terminamos usando de manera desordenada.

 

4. Menos agresión, más suavidad

Durante el verano, el cabello ya está expuesto a suficientes factores que pueden debilitarlo. No hace falta sumar agresiones innecesarias.

 

Evitá frotarlo con fuerza al secarlo con la toalla, desenredarlo a los tirones o abusar de la planchita y del secador a temperaturas elevadas. El pelo mojado es más susceptible al daño mecánico, por eso conviene manipularlo con cuidado.

 

Para desenredarlo, utilizá un peine de dientes anchos o un cepillo adecuado para cabello mojado. Retirá el exceso de agua suavemente y trabajá por secciones, comenzando por las puntas y avanzando de a poco hacia las raíces.

 

También podés aprovechar el verano para amigarte con tu textura natural. Si tu pelo tiene ondas o rulos, no es necesario intentar alisarlo todos los días. Y si es lacio, tampoco tiene que estar perfectamente peinado en todo momento.

 

Reducir el uso de herramientas de calor y evitar el tironeo puede ayudar a conservar la fibra capilar en mejores condiciones. A veces, dejar que nuestro pelo tenga movimiento y acompañar su textura natural también es una forma de cuidarlo.

5. No te olvides de las puntas

Las puntas son la parte más antigua del cabello y, por lo general, la que acumula más desgaste. Por eso suelen ser las primeras en mostrar señales de sequedad, aspereza y quiebre.

Un buen acondicionador, una máscara cuando el pelo lo necesita o una pequeña cantidad de producto sin enjuague pueden ayudar a mejorar su suavidad, facilitar el peinado y reducir la fricción.

La cantidad y el tipo de producto dependerán de cada cabello. Mientras que los pelos gruesos, secos o con rulos pueden necesitar fórmulas más nutritivas, los finos suelen responder mejor a texturas livianas que no los apelmacen. Hay algo importante que siempre aclaro: no debemos confundir suavidad con reparación definitiva. Los cosméticos pueden mejorar la apariencia, la textura y el comportamiento del cabello, pero no regeneran biológicamente una fibra que ya está dañada. Por eso, además de acondicionar, es importante reducir las agresiones y prevenir el deterioro. Y si las puntas están muy abiertas o quebradas, un corte puede ser la mejor manera de retirar la parte más deteriorada.

Mi rutina ideal para el verano

Si tuviera que resumir todos estos consejos en una rutina fácil de sostener, sería así:

Antes de salir: protegé tu pelo y tu cuero cabelludo del sol con accesorios adecuados y, si lo necesitás, un producto capilar con protección UV.

Antes de entrar al mar o a la pileta: mojá el cabello con agua dulce para ayudar a reducir la absorción de agua salada o clorada.

Cuando salís del agua: enjuagalo para retirar los residuos y evitá dejar que la sal se acumule sobre la fibra capilar.

En la ducha: elegí un producto de limpieza adecuado para tu pelo y acompañalo con un buen acondicionador.

Después del lavado: desenredá con cuidado y, si tu cabello lo necesita, incorporá un producto sin enjuague que ayude a mantener la suavidad y controlar el frizz.

Una o dos veces por semana: según el estado de tu pelo y las indicaciones del producto, dedicá unos minutos a un acondicionamiento más intensivo.

No hace falta hacer todo a la perfección ni sumar pasos que después no podamos sostener. Se trata de encontrar una rutina que funcione para nuestro pelo y que podamos mantener incluso durante las vacaciones.

El secreto no es hacer más, sino cuidar mejor

Vivimos rodeadas de productos, tratamientos y promesas que muchas veces nos hacen creer que siempre necesitamos algo más. Sin embargo, creo profundamente en otra manera de cuidarnos: más simple, más consciente y conectada con nuestras necesidades reales.

Nuestro pelo no necesita un sinfín de productos para verse bien. Necesita que evitemos castigarlo innecesariamente, que aprendamos a reconocer lo que le hace falta y que lo acompañemos con hábitos adecuados.

El verano es una buena oportunidad para revisar nuestras rutinas, elegir mejor y dejar de hacer cosas por costumbre que no siempre nos benefician.

Porque cuidarnos no debería convertirse en una obligación más ni quitarnos tiempo para disfrutar. Cuando encontramos una forma inteligente y sencilla de hacerlo, el bienestar deja de depender de una rutina interminable y empieza a construirse a partir de pequeños gestos cotidianos.

*Especialista en bienestar integral, creadora de Kaliope Glow y de la línea Glorious