Por María Alexandra Barreto

“Paraíso”: El unipersonal que palpita sobre segundas oportunidades, prejuicios y cambios


Por María Alexandra Barreto

“Paraíso” se estrenó el 14 de marzo de 2026 en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires, y desde ese momento no paró de cosechar muchos aplausos en cada presentación. Posteriormente las funciones continuaron en el Teatro El Plata del barrio de Mataderos y en El Regio de la Ciudad de Buenos Aires.

El unipersonal de Luciano Cáceres, inició su gira local e internacional, y el viernes 21 de agosto se presentará en el Teatro Roma ( Sarmiento 109, Avellaneda) a las 20:30. Las entradas se pueden adquirir en la boletería del teatro o a través de Plateanet. Posteriormente el sábado 22 en la ciudad de Mendoza a las 21:00 en el Cine Teatro Plaza.

Domingo 23 a las 19:00 en San Juan en la Sala Auditorio del Teatro del Bicentenario, y el viernes 4 de septiembre en Montevideo, Uruguay a las 21:00 en la Sala César Campodónico del Teatro El Galpón.

“Paraíso”, cuenta la historia de Juan Valero, un hombre acostumbrado a tener el control de su vida y sus negocios que, después de recibir un trasplante de corazón, comienza a enfrentarse con un mundo emocional que había dejado completamente de lado. En diálogo con Nota al Pie, el actor habló sobre la construcción del personaje, la investigación detrás de la obra, los prejuicios que atraviesan la historia y el desafío de volver a empezar en cada función.

Después de la experiencia de “Muerde”, Luciano Cáceres, tenía ganas de volver a asumir el desafío de un unipersonal.

El actor recordó que aquella obra superó ampliamente sus expectativas: Llegó a las 250 funciones, recorrió más de 90 ciudades y recibió distintos premios y reconocimientos. “Tenía ganas de completar el díptico”, contó Cáceres. Si “Muerde” estaba vinculada con un universo rural y de pueblo, para “Paraíso” buscó una historia que tuviera una mirada más urbana.

La diferencia también aparece en la manera en que se construyen los vínculos. En un pueblo pequeño, todos se conocen; en una gran ciudad, en cambio, alguien puede pasar completamente desapercibido. Pero cuando se vuelve visible, esa exposición puede ser total.

En esa búsqueda apareció “Paraíso”, cuyo estreno se llevó a cabo en Madrid en 2023. El contacto con su autora, se produjo a través del programa Conexión Buenos Aires- Madrid 2025. En una lectura dramatizada en la institución española, Casa de América, y comenzó el trabajo sobre la versión junto a Dany Mañas.

“Lo estoy disfrutando mucho y ese miedo que tenía de estar solo en el escenario me vuelve con la certeza de que tengo buenos compañeros que son los espectadores”, aseguró el actor.

Uno de los elementos más llamativos de “Paraíso” es el trasplante que recibió Juan Valero. Sin embargo, Cáceres se ocupó de aclarar que la obra no busca ser una explicación sobre la donación de órganos, sino que utiliza ese acontecimiento como disparador para contar otra historia.

El junto con el equipo realizaron una investigación previa, y tuvo contacto con personas vinculadas con el mundo de la donación y los trasplantes. También realizaron una lectura dramatizada en el Congreso de Cardiología.

Para el actor, el corazón funciona desde un lugar mucho más poético. La llegada de ese nuevo corazón representa una segunda oportunidad y abre una pregunta: ¿Qué hacemos cuando la vida nos obliga a frenar y nos da la posibilidad de cambiar?

 

“Hay momentos bisagra en la historia de las personas en donde tenés una segunda oportunidad y qué hacés con eso”, explicó. Y allí aparece uno de los ejes centrales: La posibilidad de volver a conectarse con lo esencial o continuar corriendo detrás de aquello que, en apariencia, promete éxito y reconocimiento.

Juan Valero no es un protagonista fácil de querer. Es una persona extremadamente cuestionable, con una mirada marcada por el racismo, la xenofobia, la homofobia y el machismo. Cáceres describió a su personaje como alguien que construyó su vida alrededor de los negocios y que dejó de lado sus emociones y sus vínculos. “Tiene una sensibilidad bloqueada”, explicó.

Está acostumbrado a aplastar cabezas para conseguir lo que quiere y tiene muy poca empatía con otras realidades. Pero justamente por eso el trasplante se convierte en una herramienta narrativa para poner en crisis todo aquello que creía tener controlado.

El desafío actoral consiste, entonces, en mostrar cómo ese hombre empieza a conectarse con una dimensión de sí mismo que permanecía escondida.

En “Paraíso” conviven dos universos muy alejados entre sí. Por un lado, está Juan Valero y su mundo empresarial, sus prejuicios y su manera de entender la vida. Por el otro aparece, a través del corazón que recibe, el universo de una mujer dominicana, trabajadora sexual, con una cultura, una historia y unas necesidades completamente diferentes. Para Cáceres, esos dos extremos están muy separados al comienzo, pero poco a poco empiezan a encontrarse. “Van a ir construyendo un nuevo ser”, remarcó.

Ese proceso de transformación es uno de los puntos vitales de la obra. No se trata simplemente de que Juan conozca la vida de otra persona, sino de que ese contacto lo obliga a preguntarse quién es él y qué hizo con su propia vida.

La dramaturgia también pone en escena los mandatos sociales que condicionan a las personas desde muy temprana edad. Cáceres recordó una frase que marcó a muchas personas: “Los hombres no lloran”. Para el también director, afortunadamente hay nuevas generaciones que están empezando a permitirse vivir las emociones de otra manera. “Me gusta pensar en los nuevos pibes que se permiten lo emocional”, señaló.

En ese sentido, “Paraíso” plantea una mirada sobre cómo los prejuicios y los mandatos pueden encerrar a una persona en una determinada manera de vivir, hasta hacerle creer que no existe otra alternativa.

Aunque el corazón funciona como un elemento fundamental para poner en marcha la historia, Cáceres insiste en que “Paraíso” va mucho más allá de la idea de que una persona pueda recibir recuerdos de otra. Juan consigue información de manera clandestina sobre la donante y comienza a investigar su vida. Ese acercamiento lo lleva a conocer un universo completamente diferente al suyo, pero el verdadero viaje es interno.

La obra propone preguntarse qué ocurre cuando estamos demasiado pendientes del “ruido” exterior y dejamos de prestar atención a las personas que tenemos cerca, a nuestros afectos y a nuestras propias emociones. “¿Estoy conectando con lo realmente importante o estoy lejos de eso?”, es una de las preguntas que la obra busca dejar dando vueltas en el espectador.

El título también adquiere un significado particular a partir del lugar del que proviene la donante. Existe un barrio llamado “Paraíso de Dios”, un nombre que parece prometer un lugar ideal, pero que contrasta con una realidad marcada por la pobreza y la desigualdad. El guion también pone el foco en cómo determinados desarrollos turísticos pueden convivir a pocos metros de situaciones de extrema vulnerabilidad.

De un lado, los grandes negocios, los resorts y los paisajes preparados para el turismo. Del otro, comunidades que viven realidades completamente diferentes.

Ese contraste social amplía el universo de “Paraíso” y permite que no se limite solamente al conflicto personal de Juan Valero.

Para el artista, el objetivo del teatro no es únicamente contar una historia. “Mi deseo siempre es que, aparte de entretener, el espectador sea activo, que viva una experiencia”, sostuvo. Por eso espera que “Paraíso» genere preguntas, identificación y algún tipo de reflejo.

 

No necesariamente porque el público esté viviendo la misma situación que el personaje, sino porque determinadas escenas pueden provocar un pequeño despertar. La pregunta puede aparecer después de la función: ¿Estoy prestando atención a lo que realmente importa? ¿Estoy cerca de las personas que quiero? ¿Estoy demasiado preocupado por cuestiones que quizás no tienen tanta importancia? La respuesta, claro, queda en manos de cada espectador.

Hacer un unipersonal también implica un reto particular para Cáceres. Todo ocurre sobre sus hombros, aunque él insiste en que se trata de un trabajo colectivo. El director, el equipo creativo y todas las áreas que participan de la puesta son fundamentales para construir una obra que atraviesa unas 50 escenas en aproximadamente 70 minutos.

Pero existe otra dificultad: Repetir cada función sin perder la verdad emocional. “En una película un día eso quedó impreso en una cinta o grabado y ya está, pero acá en la obra uno lo tiene que rememorar en todas las funciones”, subrayó.

El teatro exige volver a recorrer el mismo camino una y otra vez, pero permitiendo que cada presentación tenga algo nuevo.

Cáceres reconoció que su papel puede generar rechazo e incomodidad. Es en sus propias palabras, “un desastre de persona”. Sin embargo, allí también aparece uno de los aspectos más interesantes de “Paraíso”: La posibilidad de que incluso alguien profundamente cuestionable pueda atravesar un proceso de transformación.

La pieza teatral propone, en definitiva, una mirada sobre el cambio. Porque quizás una segunda oportunidad no consiste solamente en recibir un nuevo corazón, sino en animarse a escuchar aquello que durante mucho tiempo se decidió ignorar.

Fuente Nota al Pie