Opinión de Marisa Plano

La solidaridad no termina cuando baja el telón


Por Marisa Plano

Hay momentos que nos emocionan profundamente. Un festival solidario, una campaña, un encuentro de personas unidas por una misma causa. Durante unas horas compartidas música, abrazos, aplausos y la alegría de saber, juntos podemos hacer una diferencia.

Pero cuando las luces se apagan y el telón baja, comienza el verdadero desafío.

La solidaridad no puede ser un acontecimiento de un solo día. Debe transformarse en una actitud cotidiana, presente en cada gesto de respeto, en cada mano tendida, en cada palabra de aliento y en cada acción que alivie la necesidad de otra persona.

No hace falta realizar grandes obras para cambiar el mundo. Muchas veces alcanza con escuchar, acompañar, colaborar o dedicar un poco de nuestro tiempo. Esos pequeños gestos, multiplicados por miles de personas, tienen una fuerza inmensa.

Que cada evento solidario sea el punto de partida y no el punto final. Que nos recuerde que todos tenemos algo valioso para ofrecer y que una sociedad más humana se construye entre todos, día tras día.

Porque los aplausos duran unos instantes, pero la solidaridad permanece cuando elegimos hacer del bien un compromiso de todos los días.

*Lic.en Ciencias de la Educación