Por Ivana Rugini

Honrar a los ancestros yendo a un lugar especial


Por Ivana Rugini

Pergamino. Se venía un fin de semana largo, lo cual nos daba la posibilidad de hacer una escapadita. Cuando nos miramos con Muro y Bru y todos coincidimos en hacerla, la incógnita fue ¿y a dónde?

Recordé que mi abuelo, era de Pergamino, que se crió en algún pueblo aledaño a la gran ciudad y que aunque alguna vez de chica me llevó a conocer sus pagos, es de grande cuando se valora viendo lo que antes pasó desapercibido.

Él me invitó a conocer sus raíces, cosa para lo cual, en su momento, puse el cuerpo pero no la consciencia. Ya era hora de ir con todo de mí a honrar su tierra, su gente, su familia para agradecer de cerca el camino que hizo hasta llegar a mí; porque él no es abuelo de sangre, es mi abuelo del amor, del amor con mi abuela que lo eligió en segundas nupcias y del amor que nos tuvimos porque sin mayores explicaciones nos sentíamos a resguardo. Yo con él y él conmigo.

Después de muchos años vuelvo a su Pergamino en familia y ya en el auto Brune hacía preguntas de la historia de ese bisabuelo que tanto la amaba y del que tan poco sabe, ni yo tampoco sé.

Mientras sacaba de la galera datos sueltos que no completaban ninguna frase me di cuenta de todo lo que nunca le pregunté porque antes, cuando lo tuve, no me interesaba, no me lo cuestionaba, solo estaba él y punto; pero ahora que él no está necesitaba de esa información para reconstruirlo.

Lo imaginé en esas calles, en esas iglesias, con boina y alpargatas. Le dejé un beso a cada rincón que recorrimos y me traje la paz de haber hecho algo por alguien. Honré su vida, su origen, su linaje, su pueblo; honré todo lo que fue parte de él. Y, a través de él, honré también mi vida, mi origen, mi linaje, mi pueblo; honré todo lo que es parte de mí.