Opinión de Marisa Plano

Detrás de cada dificultad de aprendizaje hay una persona que necesita ser comprendida


Por Marisa Plano*

En educación, no todos los alumnos aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo. Sin embargo, muchas veces esperamos que todos respondan de igual forma, como si existiera un único camino para aprender.

Cuando un niño presenta dificultades, es importante detenernos y mirar más allá de sus resultados escolares. Detrás de una tarea incompleta, de una respuesta equivocada o de una dificultad para seguir el ritmo de la clase, puede haber una persona que necesita más tiempo, otra estrategia, una explicación diferente o, simplemente, alguien que confíe en sus posibilidades.

No todos los alumnos necesitan lo mismo, porque no todos son iguales. Reconocer esta realidad no significa bajar las expectativas, sino encontrar las herramientas necesarias para que cada uno pueda desarrollar sus capacidades.

En el caso de los estudiantes con discapacidad, esta mirada resulta especialmente importante. Un diagnóstico no define a una persona ni determina todo lo que puede llegar a lograr. Cuando nos quedamos únicamente con sus limitaciones, corremos el riesgo de no descubrir sus talentos, sus intereses y sus posibilidades de participación.

Educar también significa aprender a mirar. Mirar sin prejuicios, escuchar sin apresurarnos a juzgar y comprender que una dificultad no debe convertirse en una etiqueta que acompañe a un alumno durante toda su trayectoria escolar.

Cada estudiante merece una oportunidad real de aprender, de progresar y de sentirse parte. Para ello, necesitamos propuestas educativas que contemplen las diferencias y docentes que puedan reconocer que, a veces, cambiar la manera de enseñar puede abrir un mundo de posibilidades.

Porque el verdadero desafío educativo no consiste en lograr que todos aprendan de la misma manera, sino en encontrar caminos para que cada persona pueda avanzar desde sus propias posibilidades.

Detrás de cada alumno hay mucho más que un resultado escolar. Hay una historia, una identidad y un potencial que merece ser descubierto.

Y quizás allí comience una de las tareas más importantes de la educación: dejar de preguntarnos solamente por qué un alumno no aprende como esperamos y empezar a preguntarnos qué necesita para poder aprender.

*Lic. en Ciencias de la Educación

Foto Trujillandoperu