Por Paula Winkler
Los vídeos, imágenes visuales en movimiento, suelen utilizarse tanto por los medios masivos de comunicación como por artistas, cineastas, para construir animaciones e inmersiones que combinan esculturas, fotografías o pinturas y textos en general. En las redes, las personas que hacen uso de esta imagen visual, con sonido o sin él (“reels”), notifican o exponen aspectos de sus vidas que comparten con sus usuarios o en público; promueven presentaciones de libros, obras teatrales, discos, textos, resultados de investigaciones, breves crónicas, etcétera.
En las autocracias el sistema mediático suele normalizar narrativas lineales y abunda en significantes codificados para hacer hincapié más en la literalidad que en la representación. Lo que no quita que tal literalidad pueda ser tomada por directores de cine, artistas, autores, dramaturgos en forma paródica, como una gran broma o con ironía.
El vídeo, asimismo, puede ser una herramienta de contracultura. Es el caso de la llamada “Transición española”, en la que un colectivo de jóvenes y vecinos adoptó en la calle esta forma de la imagen en movimiento. Crítica social, su uso tuvo la intención de quitar legitimidad al discurso franquista de la época. Trabajos todos comunitarios, entre vecinos, ateneos y tal, que demostraban en aquel entonces la precariedad urbana y el abandono institucional.
Hasta el 8 de noviembre quienes visiten Barcelona podrán asistir a esta exposición “Contrainformación: Video-Nou/Servei de Vídeo Comunitari” en el MACBA. También, hasta el 22 de mayo de 2027, en el mismo museo, “El gesto de filmar” propone recorridos conjuntamente con el equipo de curadores respectivo, Albert Gironès, Ana Gnagui y Eva Paià, antes se debe concertar cita.
*Imagen tomada del catálogo del MACBA Trenta, con motivo de la visita de la que escribe
