Por Marita Galano

Cuando no sepas qué hacer, no hagas nada


Por Marita Galano

Hace años, durante un encuentro con mi psicólogo, Hugo Levín, él me dijo:

“—Marita, cuando no sepas qué hacer, no hagas nada.”

Así de simple. Así de contundente.

Con el tiempo, comprendí la profundidad de ese mensaje. Aunque parezca sencillo, nos cuesta detenernos, guardar silencio y aceptar que no tenemos todas las respuestas. Sentimos que siempre deberíamos estar avanzando, produciendo, alcanzando algún objetivo.

Asociamos el movimiento con el progreso y la actividad con el éxito, como si cada minuto tuviera que ser productivo y cada día debiera dejarnos algún resultado concreto.

Pero ¿qué pasa cuando hacemos mucho y, aun así, no sabemos hacia dónde vamos?

Podemos asumir nuevos desafíos y mantenernos ocupados de la mañana a la noche. Sin embargo, si no tenemos claro qué queremos construir, corremos el riesgo de agotar nuestra energía y dar vueltas por un laberinto que solo nos conduce al cansancio y a la frustración.

Detenerse no es renunciar, resignarse, o tener una actitud pasiva frente a la vida. En este contexto, significa: darnos la oportunidad de pensar antes de actuar, revisar nuestras prioridades y abrir un espacio a la creatividad.

Soy consciente de que no siempre vamos a encontrar una respuesta de manera inmediata. Sin embargo, la incertidumbre, que tan incómoda nos resulta, es el lugar donde todo lo nuevo nace.

Es precisamente en esos momentos cuando tenemos que desarrollar dos grandes virtudes: la paciencia y la capacidad de no sentir culpa por «no hacer nada». Dado que, en ocasiones, el primer paso no consiste en moverse, sino en cuidar nuestra energía para escucharnos, recuperar el rumbo y, finalmente avanzar.

Por eso, hoy quiero compartir con vos esta frase tan poderosa para que siempre la tengas presente:

«Cuando no sepas qué hacer, no hagas nada».