Por María Alexandra Barreto

Norma Ramos: deporte, maternidad y solidaridad después de dos ACV


Por María Alexandra Barreto

Hay personas que hacen de la vida una carrera de obstáculos y, aun así, encuentran la manera de seguir avanzando. Norma Ramos es una de ellas. A sus 60 años, lleva el deporte en la sangre y una convicción que la acompañó incluso en los momentos más difíciles: Siempre hay una razón para volver a empezar.

Su historia con el atletismo comenzó cuando era apenas una nena, en Ingenio Ledesma, Jujuy. A los siete años corrió sus primeras carreras y desde entonces, no dejó de perseguir metas. Encontró en el deporte una pasión que marcaría su camino para siempre.

“Siempre tuve una vida sana, metódica desde pequeña. Vengo de una familia humilde, hija adoptiva, pero mis padres me dieron mucho amor y permitieron que corriera. Llevo miles y miles de kilómetros y nunca paré de correr”, puntualizó.

El deporte forma parte de su historia familiar. Su padre era ciclista, su abuelo practicaba maratón, y un tío se dedicaba al boxeo. Norma también decidió seguir ese camino y convertirlo en una forma de vida.

Con esfuerzo y disciplina, fue construyendo una trayectoria deportiva que la llevó a destacarse en distintas competencias. En 1976 batió el récord provincial en los 60 metros llanos y tres años después, se consagró campeona intercolegial. En 1981 obtuvo el primer puesto en los 400 metros llanos y en 1982, alcanzó el subcampeonato metropolitano.

A los 15 años se mudó con sus padres a Buenos Aires y continuó entrenando. Pasó por la Asociación Deportiva de Morón y, más tarde, por el Club Gimnasia de Buenos Aires, donde se consagró subcampeona metropolitana en las pruebas de 100 y 200 metros.

Incluso tuvo la oportunidad de viajar a España para entrenar, aunque cuestiones familiares le impidieron concretar esa experiencia, pero Norma no soñaba solamente con ganar carreras. Quería que otros chicos también encontrasen en el deporte una oportunidad para salir adelante.

En 1994, junto a su esposo, Alberto Sersen, fundó la Agrupación Atlética Norma Ramos, en Presidente Derqui, partido de Pilar, donde vive actualmente. El objetivo era claro: acercar el atletismo a chicos en situación de vulnerabilidad y ofrecerles una alternativa frente a las drogas y el alcohol.

“Somos una institución sin fines de lucro y junto a mi familia, trabajamos de manera gratuita. Más que un grupo, es una familia del deporte”, corroboró.

Ese sueño creció con los años y llegó a reunir a unos 80 integrantes. Para la deportista, cada chico que se acerca a la pista representa una nueva oportunidad de compartir aquello que el deporte le enseñó desde pequeña: el valor del esfuerzo, el compañerismo y la confianza en uno mismo.

La vida, sin embargo, le presentó una prueba que cambiaría su historia. En 2010 sufrió su primer accidente cerebrovascular (ACV), que fue leve. Al año siguiente, atravesó un segundo episodio, de tipo isquémico, que le provocó dificultades de movilidad, y la dejó paralizada del brazo izquierdo y las piernas.

A la par de sus entrenamientos, trabajaba, atendía su casa y acompañaba a su familia. También atravesaba un período muy difícil emocionalmente

“El estrés desencadenó mi enfermedad porque mi madre padeció cáncer y viví esa secuencia de dos años. Me consumió muchísimo. Entrenaba, trabajaba, era ama de casa y tenía toda la responsabilidad encima. No me daba cuenta de que dormía poco”, recordó.

De un día para otro, aquella mujer acostumbrada a correr, competir y alentar a los demás, tuvo que aprender a depender de otras personas para las tareas más cotidianas. Necesitaba ayuda para bañarse y comer, atravesó una etapa de profunda tristeza.

“Mi esposo, mis siete hijos, los alumnos y los atletas con discapacidad me dieron ánimo. Me decían: ¿Dónde está Norma, la que nos alentaba?”

Aquella pregunta fue mucho más que un recuerdo de la mujer que había sido, fue una invitación a reencontrarse con ella misma.

Sus amigos consiguieron una silla de ruedas de competición y aprendió a manejarla con un solo brazo. Fue empezar de cero, aceptar una nueva realidad y descubrir que todavía quedaban caminos por recorrer. “Volví a nacer”, resumió Norma.

En 2012 consiguió el primer puesto en los 10 kilómetros de Punta del Este, y ganó una prueba de 21 km en Camboriú, Brasil. En 2013 volvió a imponerse en los 21 km del Nacional de La Pampa.

Su historia deportiva también incluye medallas en competencias sudamericanas de veteranos, pruebas de marcha atlética y carreras de ruta. En 2011 había participado en su última carrera como atleta convencional, en el Gran Prix del Mercosur, en Porto Alegre, donde obtuvo el subcampeonato en los 5.000 metros llanos. La discapacidad cambió su manera de competir, pero no le quitó las ganas de seguir adelante.

“No porque tengamos una discapacidad hay que encerrarse. Todo lo contrario, hay que apostar a la vida. Hoy corro en una bicicleta especial y aunque fue complicado, sigo adelante”, afirmó.

En la historia de Norma la maternidad no aparece separada del deporte ni de su compromiso con los demás. Es parte de una misma manera de vivir: acompañar, alentar y ayudar a que otros descubran sus propias posibilidades.

Su vocación se expresa en el comedor Hijos del Corazón, organización que creó en 2017. Allí, el compromiso con quienes más lo necesitan adquiere un sentido especial. Ofrece una mano más allá de cualquier medalla y 180 viandas de manera gratuita.

También ese servicio lo demuestra al frente de la agrupación atlética, sigue apostando al deporte como espacio de encuentro e inclusión. Entre sus actividades se encuentran los campeonatos de Atletismo Nuevo Milenio, una forma de mantener vivo aquel sueño que comenzó en 1994.

 

En este Día de la Madre, la historia de Norma Ramos, invita a mirar más allá de los resultados deportivos. Habla de una mujer que conoció los triunfos, tuvo que atravesar cambios profundos y encontró en su familia, en su comunidad el impulso para reconstruir su vida.

También habla de esas madres que, aun cuando necesitan ayuda, siguen pensando en los demás. Acompañan, enseñan y abren caminos para que otros puedan crecer.

Norma sabe lo que significa empezar de nuevo. Lo hizo con el atletismo, con su cuerpo y con sus sueños y lo sigue haciendo cada vez que acompaña, alienta a un atleta o trabaja para que nadie se quede afuera.

Porque si algo demuestra su recorrido es que una meta no siempre está al final de una pista. A veces está en volver a confiar, en compartir lo aprendido o en darle una oportunidad a quien más la necesita.

“Soy una mujer feliz porque tengo una familia que me acompañó desde el día cero y siempre están a mi lado ayudando a pesar de todo”.

Fuente Nota al Pie