Francia vive este sábado una nueva jornada de protestas y manifestaciones pidiendo reivindicaciones diversas, como más presupuesto para educación y contra el aumento del precio de los combustibles, organizadas por colectivos variados, como los estudiantes y algunos líderes del movimiento de los ‘chalecos amarillos’. Las autoridades temen que derive en acciones violentas. El Ministerio del Interior ha contabilizado «unas 500 acciones» y «más de 90 manifestaciones» en todo el país donde espera cientos de miles de personas, sobre todo en París.
Tras semanas de unas protestas estudiantiles que se han venido repitiendo, el país afronta una jornada clave para medir el malestar social en el convulso final de la presidencia de Emmanuel Macron. A seis meses de la elección presidencial para elegir a su sucesor, un llamado titulado «Amarillos y Jóvenes» exhorta a protestar junto al movimiento de los chalecos amarillos, a la generación Z, a campesinos, profesores, activistas climáticos, jubilados, y otros colectivos.
Más allá de marchas en los centros urbanos y de concentraciones en rotondas, símbolos de los chalecos amarillos, se planean bloqueos en estaciones, puentes, peajes, gasolineras… A las 08:00, una veintena de personas bloquearon, por ejemplo, con contenedores de basura y grandes palés los alrededores de un centro comercial en Rennes, en el oeste de Francia. «Hace falta más dinero para las escuelas y los hospitales y menos para el ejército», aseguró Julie, estudiante.
A la espera de las manifestaciones, que en las grandes ciudades comienzan a partir de las 14:00, comenzaron acciones puntuales en Marsella, Lyon. En París, la policía controlaba lugares estratégicos como las estaciones de tren o la turística avenida de los Campos Elíseos. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, advirtió que las fuerzas de seguridad podrán usar granadas aturdidoras en caso de disturbios urbanos. Las autoridades habían restringido su uso en las protestas estudiantiles, después de que un joven perdiera una mano.
La fecha se había elegido inicialmente para protestar por el aumento del precio de los carburantes y recibió el respaldo de ciertos líderes de los ‘chalecos amarillos’, un movimiento que sacudió Francia en 2018 y 2019 precisamente contra un aumento de los impuestos sobre los combustibles. Pero sobre todo a eso se ha venido a añadir la movilización de los estudiantes de los liceos, que han protagonizado protestas y manifestaciones en las últimas semanas por toda Francia para reclamar mejores condiciones de educación.
El llamado a acciones a través de las redes sociales, en su mayoría sin notificar a las autoridades, vuelve incierto el alcance de las protestas, que coinciden con el primer día de las dos semanas de vacaciones escolares de otoño. Las autoridades prevén la participación de cientos de miles de manofestantes. La semana pasada se llegaron a contabilizar más de 250.000 manifestantes en todo el país, más de 50.000 en la capital. El primer ministro, Sébastien Lecornu, convocó la célula de crisis del gobierno para monitorear la situación.
(DW)
