Los siete aspirantes a suceder al secretario general de la ONU recibieron el viernes el veto de al menos un miembro del Consejo de Seguridad del organismo, lo que abre la puerta a nuevas candidaturas, informó una fuente diplomática.
La costarricense Rebeca Grynspan, que figuró entre los favoritos en las cinco votaciones anteriores, obtuvo esta vez el mayor número de votos de «aliento», pero también recibió cinco de «desaliento», dos de ellos de miembros permanentes.
Según medios estadounidenses, Washington se opone a los siete aspirantes.
Además de Grynspan, compiten la exministra de Relaciones Exteriores de Guyana Carolyn Rodrigues-Birkett; el argentino Rafael Grossi, actual director del organismo de vigilancia nuclear de la ONU; el senegalés Macky Sall; las ecuatorianas Ivonne A-Baki y María Fernanda Espinosa, y el ugandés Olara Otunnu.
Al término de esta votación preliminar, ninguno de los siete candidatos logró evitar votos negativos por parte de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, China y Rusia, potencias con poder de veto en el Consejo de Seguridad.
Aunque un candidato obtenga los nueve votos necesarios de los 15 que integran el Consejo de Seguridad, también debe evitar el veto de cualquiera de las cinco grandes potencias, profundamente divididas.
Una vez superados ambos requisitos, su nombre se someterá a la Asamblea General, que reúne a todos los Estados miembros de la ONU, para su confirmación.
Las constantes votaciones fallidas reflejan la ausencia de un acuerdo geopolítico global entre Donald Trump y Xi Jinping. Mientras la Casa Blanca respalda fuertemente la candidatura de Grossi, China y Rusia impulsan la designación de una mujer para suceder a António Guterres, en consonancia con los reclamos históricos del Sur Global.
De hecho, los países integrantes del bloque BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— señalaron formalmente durante su última cumbre en la India que ninguna mujer ha ocupado jamás el máximo cargo de la organización, y que la representación regional de América Latina, el Caribe y África ha sido extremadamente marginal.
Debido a que el Reino Unido se apropió del archipiélago en 1833 y se niega a reconocer los derechos soberanos argentinos, Londres se resiste a aceptar a Grossi al frente de la ONU. Si la administración británica decide imponer su veto definitivo, la postulación del diplomático argentino quedará formalmente sepultada, más allá de la presión política ejercida desde Washington
