Por Cecilia Taburet

Parentalidades en movimiento: reflexiones a propósito del Día de las Infancias


Por Cecilia Taburet*

El Día de las Infancias suele dejarnos resonando en un territorio sensible. Este año, en particular, la fecha me movilizó a profundizar en algo que cruza las consultas del día a día y la propia experiencia: las parentalidades contemporáneas.

Quizás podríamos pensar que criar hoy nos invita a barajar y dar de nuevo. ¿Qué pasa cuando intentamos corrernos de las dinámicas antiguas —esa división estricta donde el padre era el sostén económico y la madre quedaba recluida en los cuidados— para habitar roles más dinámicos y flexibles?

Parecería que la crianza actual nos convoca, antes que nada, a repensarnos como hijos. Atravesar la propia maternidad o paternidad suele funcionar como una especie de viaje en el tiempo: nos devuelve a la propia historia, a Los matices de nuestra infancia y a esa vulnerabilidad tan particular que reaparece cuando intentamos hacerlo diferente. De algún modo, criar con conciencia tal vez se trate de eso: de permitir que las marcas de nuestra propia infancia se reparen al ser adultos más disponibles, más atentos a acompañar procesos genuinos que a buscar la repetición de mandatos, evitando que los hijos carguen con la pesada mochila de cumplir los deseos no resueltos de los padres.

Entre la vulnerabilidad y la potencia: Habitar este lugar se siente, casi al mismo tiempo, como una experiencia de profunda responsabilidad y de extrema fragilidad. Es una dualidad constante: por un lado, habita el deseo de volver a la propia infancia para construir algo inédito, más sano, atravesado por más palabras y más reflexión; por el otro, se experimenta la propia vulnerabilidad al reconocer que no tenemos todas las respuestas.

Y sin embargo, en esa misma paradoja suele nacer una potencia singular. Se trata de sentir los pies más firmes, de descubrir que es posible ser mejores no desde la perfección, sino desde el ejemplo cotidiano y el sostén, con un horizonte claro: criar para la autonomía, y no para la dependencia.

Quizás lo verdaderamente importante no sea tener certezas absolutas, sino estar dispuestos. Dispuestos a mirarnos, a corrernos de los viejos libreto parental y a construir, paso a paso, vínculos donde los hijos puedan ser, sencillamente, quienes vinieron a ser.

*Lic.Cecilia Taburet MP: 5760

Foto crédito jgpsicología.com