Opinión de Marisa Plano

Cuando la infancia nos recuerda lo que realmente importa


Por Marisa Plano

En cada niño habita un mundo que merece ser cuidado, escuchado y respetado. La infancia no debería conocer el miedo, el abandono ni la indiferencia, sino crecer rodeada de amor, oportunidades y personas capaces de reconocer en ella todo su valor.

Cada niño tiene derecho a ser respetado por quien es, a ser escuchado, a jugar, aprender, soñar y crecer en una familia que lo abrace y lo valore. Tiene derecho a recibir las mismas oportunidades, sin que sus diferencias se conviertan jamás en una barrera. Porque ser diferentes no nos hace menos: nos hace únicos, y aprender a valorar esas diferencias es una de las formas más hermosas de construir una sociedad verdaderamente humana.

En este Mes de la Niñez , quizás deberíamos detenernos un instante y preguntarnos qué mundo estamos construyendo para ellos. Un mundo donde todos puedan sentirse incluidos, donde ningún niño sea señalado por su condición, su situación económica, su discapacidad o su manera de ser. Un mundo donde la infancia pueda ser simplemente infancia.

Porque detrás de cada niño hay una historia que recién comienza, una voz que necesita ser escuchada y un corazón que merece sentirse amado. Y cuando cuidamos a un niño, cuando respetamos sus derechos, cuando defendemos su dignidad y celebramos sus diferencias, estamos sembrando el futuro que todos merecemos.

Que ningún niño tenga que aprender a sentirse menos.

Que todos puedan crecer sabiendo que son valiosos, que tienen derechos y que su existencia importa.

Quizás ese sea el verdadero significado de celebrar la infancia: recordar que cada niño merece un lugar donde pueda crecer con amor, respeto, igualdad y esperanza.

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