El planeta pierde agua dulce: la importancia de países con grandes acuíferos


El interés de algunos poderes y magnates por regiones con mucha agua dulce tiene su gran razón: expertos estiman que el planeta pierde 324.000 millones de metros cúbicos de agua dulce cada año, volumen suficiente para abastecer anualmente a 280 millones de personas.

El mundo enfrenta una escasez creciente de agua dulce, una presión que ya se traduce en alertas, restricciones y decisiones difíciles sobre a quién priorizar el recurso en distintos rincones del planeta.

Según previsiones recientes de la Comisión Europea, para 2030 la demanda mundial de agua podría superar la oferta en un 40%. En ese marco, Bruselas llamó al bloque a prepararse para afrontar «desastres relacionados con el agua» e instó a redoblar esfuerzos para garantizar su disponibilidad y calidad, dentro y fuera de Europa.

En la misma línea, la ONU advirtió que más de 2.000 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura y que cerca de la mitad de la población mundial sufre escasez severa durante al menos parte del año. «Se prevé que estas cifras aumenten, agravadas por el cambio climático y el crecimiento demográfico», señala el informe, que también alerta que en los últimos 20 años las reservas de agua en tierra han disminuido a un ritmo de un centímetro por año, con «graves consecuencias para la seguridad hídrica».

A su vez, un estudio publicado a fines del año pasado por el Grupo Banco Mundial estima que el planeta pierde 324.000 millones de metros cúbicos de agua dulce cada año, volumen suficiente para abastecer anualmente a 280 millones de personas. El deterioro se vincula al agravamiento de las sequías y a prácticas insostenibles de uso de la tierra y el agua, como políticas de precios deficientes, falta de coordinación, deforestación, degradación de humedales y riego excesivo.

En el plano europeo, la tensión ya se hace visible en casos concretos en medio de una ola de calor. En Países Bajos, el Gobierno declaró a mediados de julio un escenario de «déficit real de agua» por la ola de calor, la sequía y niveles históricamente bajos en los ríos: las autoridades comenzaron a limitar el riego y deben decidir prioridades entre consumo humano, agricultura, industria y protección de la naturaleza. Por su parte, el primer ministro de Hungría, Péter Magyar, calificó el mes pasado la situación del suministro de agua como «extraordinaria» y «la más crítica» del momento, al tiempo que pidió a la población que reserve el agua potable solo para lo imprescindible ante la ausencia de lluvias.

(RT)