Por Marisa Plano*
Escuchar a los niños no es solo oír sus palabras; es reconocer sus emociones, sus necesidades y su manera única de ver el mundo. Cada niño tiene algo valioso para expresar, y cuando un adulto le brinda atención verdadera, le transmite un mensaje fundamental: «TU VOZ IMPORTA Y MERECE SER RESPETADA».
Muchas veces los niños expresan sus alegrías, sus miedos o sus preocupaciones de forma diferente a la de los adultos. Por eso, escuchar implica también observar, acompañar y estar atentos aquello que intentan comunicar con sus gestos, sus juegos y su silencios. Una escucha sincera fortalece su confianza y les ayuda a crecer con seguridad.
Cuando los niños se sienten escuchados, aprenden que el diálogo es una herramienta para resolver conflictos, compartir sentimientos y construir relaciones saludables. Además, desarrollan una autoestima más sólida, porque comprenden que sus opiniones tienen valor y que pueden participar activamente en los espacios que forman parte de su vida.
Escuchar a los niños también es una responsabilidad de toda la sociedad. Familias, escuelas, instituciones y comunidades tienen El deber de crear entornos donde puedan expresarse libremente, con respeto y sin temor a ser juzgados. Cada palabra atendida a tiempo puede convertirse en una oportunidad para acompañar, proteger y orientar.
Una sociedad que escucha a sus niños es una sociedad que construye un futuro más humano, más justo y más solidario. Porque en cada niño que encuentra oídos atentos, florece una persona capaz de crecer con confianza esperanza y dignidad.
*Lic. en Ciencias de la Educación
Fuente Foto: etapainfantil.com
