Literatura

Reediciones y una exposición celebran el centenario de Ana María Matute, la maga de las letras en español


Por Carmen Sigüenza

«El que no inventa no vive», decía Ana María Matute, la niña que comenzó a escribir a los cinco años y quien se convirtió en una de las grandes escritoras españolas del siglo XX, premio Cervantes, entre otros muchos galardones, académica de la Lengua y quien hizo del bosque, su mundo de fantasía, imaginación y ensueño, su material para fabular las mejores historias. Este año 2025 se celebra el centenario de esta maga de la literatura, pionera en muchas cosas y quien el próximo 26 de julio hubiera cumplido cien años.

Un centenario que se celebra con una exposición en el Instituto Cervantes en su sede central en Madrid y con la reedición de algunas de sus novelas más importantes, como «Primera memoria», libro con el que Ana María Matute ganó el premio Nadal en 1959, una edición especial con prólogo de Inés Martín Rodrigo, ganadora a su vez del Nadal 2022.

«La literatura ha sido el faro salvador de muchas de mis tormentas» dijo en 2011. en el discurso de entrega del premio Cervantes, esta dama de las letras (Barcelona 1925-2014), quien a sus 88 años seguía siendo una niña con cabellos blancos, llena de luz, ternura y picardía. Una idea que siempre repetía la escritora catalana, que desde muy pequeña descubrió que la imaginación, el cruzar al otro lado del espejo, como Alicia, era lo mejor para despistar los ásperos zarpazos de este mundo.

«Yo lo he pasado muy mal, pero también muy bien. He vivido muy intensamente el dolor y la felicidad, pero a la literatura grande se entra por el dolor y las lágrimas», advertía.

Esta maga del bosque, como a ella le gusta calificarse, fue creadora de un mundo narrativo propio, lleno de unicornios, trasgos, duendes, cuartos cerrados y paraísos inhabitados, con los que siempre ha intentado buscar su lugar en el mundo.

La Edad Media, la infancia, la injusticia social, los marginados, la incomunicación, la guerra y la posguerra, y la otra orilla, porque ella siempre se ha situado «al margen», son los temas que centraron la gran obra de este mujer, que nació en Barcelona en 1925 y que a los 17 años escribió su primera novela, «Pequeño teatro».

Libre, moderna, rebelde, Ana María Matute siempre ha dicho que la palabra era «lo más hermoso que se había creado» y que su sitio, su lugar, era «el bosque» y ese fue el tema, precisamente, que escogió para su discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua  en 1998 para ocupar el sillón «K»: «En el bosque», que así era el título.

«El bosque es para mí, el mundo de la imaginación, de la fantasía, del ensueño, pero también de la propia literatura, y, a fin de cuentas, de la palabra», dijo.

La narradora es autora de títulos imprescindibles como «Torre vigía», «Olvidado Rey Gudú», «Aranmanoth», «Los soldados lloran de noche», Premio Fastenrath de la Real Academia Española; «Los Abel», «Fiesta al Noroeste», premio Café Gijón; «Pequeño teatro», premio Planeta; «Los hijos muertos», premio de la Crítica, en 1958, y Premio Nacional de Literatura en 1959 o «Primera memoria», premio Nadal en 1959, entre otros.

También creó una inabarcable obra para jóvenes y niños, con cuentos, y como creadora de cuentos para niños obtuvo también el Premio Nacional de Literatura Infantil por «Sólo un pie descalza

Poseedora de una larga nómina de premios, también pertenece a la Hispanic Society of America, y la Universidad de Boston tiene una biblioteca con un fondo llamado «Ana María Matute Collection».

El mundo narrativo de Ana María Matute ha navegado entre los hermanos Grimm, Andersen, Perrault, Proust, Rilke, Chejov, Faulkner o Poe.

Y el mundo de carne y hueso también puso a la Matute a navegar por aguas procelosas, llena de vicisitudes.

Hija de una familia burguesa, de padre catalán y madre castellana, vio cómo la Guerra Civil también afectó de fondo su vida familiar, caracterizada por grandes ausencias.  Después, en 1952, se casó con el escritor Eugenio de Goicoechea, «el malo» y en 1963 se separó, pero, como consecuencia de las leyes de la España de aquella época, le quitaron la custodia de su hijo y no pudo verlo durante años.

Hechos, cicatrices de una autora que ha viajado por todo el mundo, que cruzó casi un siglo y que ha visto «casi todo», y cuya principal característica fue ser una persona buena, siempre preocupada por el ser humano.

 «El mundo está tan desquiciado hoy como cuando tenía 14 años. Las formas cambian, pero no el egoísmo y la intolerancia. Todo eso es igual que cuando empecé a vivir», y así seguirá, decía.

La exposición del Cervantes es otra forma de acercarse al universo de Ana María Matute en su centenario. Hay textos inéditos, fotografías y manuscritos, desde su primera a la última palabra escrita. Está la libreta en la que escribió a mano ‘Pequeño teatro’ y que presentó en la editorial, donde le dijeron que la pasara a máquina y volviera. Y también se encuentra la última palabra en la hoja de su máquina de escribir: ‘Mada’, la tata de su novela inacabada ‘Demonios familiares’.

Comisariada por la escritora y filóloga María Paz Ortín,  la muestra también resalta la postura de la autora de ‘Olvidado Rey Gudú’ contra la censura, que padeció, y la autocensura, que combatió, y permite descubrir su faceta de dibujante e ilustradora.

Este recorrido por la vida y obra de la autora barcelonesa podrá visitarse hasta el 19 de enero de 2025 en Madrid.

Fuente EFE ( efeminista.com)

Portada de ‘Primera memoria’, de Ana María Matute. Foto: Ediciones Destino