Rosita Renard nació en Santiago de Chile el 8 de febrero de 1894 y falleció el 24 de mayo de 1949, fue una pianista chilena destacada. El 16 de diciembre de 1908, recibió el diploma profesional que la acreditaba como profesora egresada del curso superior de piano. Al año siguiente, se presentó en público por primera vez en el teatro del Conservatorio Nacional; allí mostró sus grandes dotes musicales, situación que mereció otorgarle una beca estatal para continuar sus estudios en Alemania.
Junto con su familia, viajó en junio de 1910 a Berlín, donde ingresó al Städtisches Konservatorium für Musik (más conocido como Stern’sches Konservatorium, ‘Conservatorio Stern’). En esta academia, se perfeccionó con su maestro Martin Krause, quien también fue preceptor del célebre pianista chileno Claudio Arrau. No se sabe por recomendación de quién Rosita llegó a estudiar con Krause, quien había sido discípulo de Carl Reinecke y de Franz Liszt. Como Liszt había estudiado con Carl Czerny, y este, a su vez, con Beethoven, la estirpe pianística de Rosita Renard es, por demás, ilustre: Beethoven, Czerny, Liszt, Krause, Renard.
Tras algún tiempo, el gobierno de Chile suspendió la beca de estudios de Rosita, hecho que fue solucionado por Krause, quien efectuó los trámites para inscribirla en calidad de alumna honoraria. Los progresos musicales de la joven chilena tuvieron tal impacto en sus maestros alemanes que el 29 de junio de 1913 se le concedió, «en atención a su sobresaliente desempeño como pianista», el diploma de honor al mejor alumno del Conservatorio, galardón que no se había entregado sino en una sola ocasión antes de ella. Poco tiempo más tarde, se graduó como intérprete en piano. Además, se hizo acreedora del premio Liszt y de la beca Mendelsohn.
Años después inició una gira por Estados Unidos, logrando tocar en Nueva York. Aquí se repetía el éxito que había tenido en sus anteriores jornadas, pero su madre la persuadió de retornar a Chile. Carmen Artigas ejerció un control tan implacable sobre Rosita, al punto de transformarse en una especie de cancerbero. Esto sentenció la decisión de la pianista: fugarse de la casa materna.
Desde 1925 a 1930, Rosita Renard residió en los Estados Unidos. Se casó en Manhattan, Nueva York, el 25 de agosto de 1928, con Otto Stern, un cantante lírico checoslovaco. En esas lejanas tierras, la artista no consiguió materializar sus anhelos y volvió a su terruño natal. La Universidad de Chile la contrató en 1930 como profesora de piano, al tiempo que la nombró como profesora jefe del Departamento de Instrumentos de Teclado. En 1934 emprendió otro viaje a Estados Unidos y Europa, que finalizó dos años después.
Su carrera estaba en su apogeo y tenía contratados numerosos conciertos en las salas más prestigiosas del mundo: el 6 de octubre debía tocar con la Orquesta de la NBC, el 7 y 8 de diciembre en Viena bajo la dirección de Erich Kleiber. Otros conciertos orquestales estaban acordados en Bruselas y recitales en Viena, Zúrich, Londres y París. Sin embargo, una encefalitis letárgica la postró y la llevó a la muerte. Falleció en la Clínica Santa María, Santiago, el 24 de mayo de 1949.
Para muchos, su muerte significó el truncamiento prematuro de una brillante carrera como intérprete. La madurez y seguridad de su interpretación, unidas a una excelente y promisoria crítica de importantes personalidades, indicaban que tal vez habría opacado a su más aventajado condiscípulo, Claudio Arrau.
Rosita Renard donó su fortuna personal, constituida por su parcela «Diolufay», ubicada en Pirque, a la «Fundación Rosita Renard», protectora de los ancianos, hoy hogar de ancianos de Nos.
