Literatura

‘Que planche Rosa Luxemburgo’ o ¿es posible compaginar la escritura con las tareas del hogar?


Por Carmen Sigüenza

Que planche Rosa Luxemburgo es una de las obras más emblemáticas de la poeta alicantina Francisca Aguirre (1930-2019), Premio Nacional de Poesía o Miguel Hernández de poesía, entre otros muchos galardones. Autora perteneciente a la generación de los 50, la generación de posguerra española, en la que las mujeres estaban más en la sombra todavía.

Aguirre fue pareja de otro gran poeta y flamencólogo, Félix Grande, e hija de un pintor republicano, Lorenzo Aguirre, ajusticiado a garrote vil por la dictadura franquista en 1942.  Paca Aguirre, como era conocida, también fue madre de otra gran poeta, Guadalupe Grandes. Toda una familia dedicada a la creación y el arte y siempre en defensa de la dignidad,  la memoria y la justicia. Y ella especialmente de estirpe machadiana dio visibilidad a las mujeres.

Ahora se reedita Que planche Rosa Luxemburgo, publicada por Carpenoctem, un título irónico y que nada tiene que ver con la teórica marxista Rosa Luxemburgo, sino con una forma más bien mordaz e inocente de criticar las imposiciones sociales de la vida cotidiana para una mujer que intenta escribir, pese a las obligaciones domésticas asignadas.

La obra de Aguirre, de marcado corte existencial y con perspectiva femenina, se presenta en este caso  con prólogo de Clara Morales.

A través de una narrativa que combina humor y critica social, la autora visibiliza las dificultades y sacrificios de las escritoras del siglo XX, la mayoría con muchas dificultades o con la nula posibilidad de llevar a cabo su creatividad por las responsabilidades del hogar y la tarea de los cuidados familiares.

La obra, escrita a finales de los ochenta y que ganó el premio Fermina Galiana de novela corta en 1994, habla de un problema que sigue vigente y al que hay que hacer frente, el de la conciliación de las mujeres y la precariedad para poder compaginar las tareas literarias o creativas con tener familia e hijos.

El prólogo de Clara Morales actualiza el texto y lo revisita con una mirada contemporánea, y dice: «Aquí, en estas páginas, casi no se escribe. Cuando se escribe, se hace con el dedo sobre la superficie polvorienta de los muebles, o para dejar una notita a la familia que advierte de la huida al bar, de la salida del supermercado. En estas páginas, sin embargo, sí se plancha (desde el título), se tiende, se ponen lavadoras, se hace la comida y la cena y el desayuno, se friegan los cacharros con agua fría, se flotan los quemadores de la cocina, se corre a hace la compra(…) Pero este libro en el que se limpia mucho y se escribe apenas, es sin duda un diario de la escritora«.

Y es que Aguirre también se batía entre las tareas domésticas impuestas en una sociedad machista y patriarcal, y la escritura, con un marido lleno de  quehaceres sociales, conferencias o recitales. «Francisca Aguirre, como la inmensa mayoría de las mujeres obreras, cargaba con ambos trabajos, el productivo y el reproductivo», escribe Morales.

Nacida en Alicante en 1930, Aguirre trabajó en el Instituto de Cultura Hispánica, donde fue secretaria del poeta y ensayista Luis Rosales entre los años 1971 y 1994.

No se dedicó a la literatura hasta 1972, cuando publicó su primer libro de poemas, Ítaca, que obtuvo el premio de poesía Leopoldo Panero. Fue su inicio y su primera reflexión lírica acercándose a la epopeya homérica desde la mirada silenciosa de Penélope en medio de la ruina.

Fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras 2018 por su poesía, la «más machadiana» de la generación de los 50, situada «entre la desolación y la clarividencia, la lucidez y el dolor, susurrando palabras situadas entre la conciencia y la memoria».

Antes, en 2011, había obtenido el premio Nacional de Poesía por Historia de una anatomía, un libro en el que recuerda sus vivencias, entre ellas, la muerte de su padre. Por esta obra también obtuvo el premio Miguel Hernández 2010.

Francisca Aguirre es autora, entre otros, de los poemarios Ensayo General, premio Esquío 1995, y Pavana del desasosiego, premio María Isabel Fernández Simal 1998. Su Poesía completa 1966-2000, un tomo con todos los libros de poemas escritos hasta el 2000, obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana al conjunto de una obra en el año 2001.

También escribió el conjunto de relatos Espejito, espejito. Sus obra ha sido traducida al francés, al italiano, al portugués y al árabe.

Fuente EFE (efeminista.com)

Portada: La escritora Francisca Aguirre. Foto: Irene Golderos