Maternidad y educación

¿Por qué es fundamental aceptar la frustración en la infancia?

Por Laura Gambale

Desde los primeros llantos, los bebes se quejan de que tienen hambre, de que quieren estar en los brazos de un ser amado o de que están molestos porque se caen cada vez que intentan dar el primer paso. Se frustran. Cuando llega la etapa del jardín de infantes las frustraciones se multiplican y se espejan en sus pares: Ya no están solos ni son protagonistas (aunque existan hermanos), en cambio toca esperar, perder, aceptar cuando algo no llega o no se pudo concretar a la altura de las expectativas.

Florencia Alfie, psicóloga experta en adolescentes, lo explica a OHLALÁ! así: “Los niños evolucionan desde un estado de egocentrismo, donde creen que el mundo gira a su alrededor (y se merecen todo), donde solo interesa la satisfacción de las propias necesidades (y de inmediato), a un estado donde pueden reconocer la existencia de un otro, con sus propios tiempos, deseos y necesidades.”

“Si los padres dan a los niños TODO lo que piden, jamás aprenderán a tolerar el malestar que genera la frustración ni la importancia de poder enfrentarse a las situaciones adversas”, analiza y asegura que si los intentamos complacerlos siempre y evitar que se sientan frustrados no favorecemos a su desarrollo personal, ya que en la vida adulta deberán enfrentarse tanto al éxito como al fracaso.

De acuerdo a Florencia, la frustración responde a “un conjunto de emociones que nos invade cuando nuestras metas, sueños, deseos, proyectos, necesidades y expectativas no se cumplen o no se satisfacen. Es una emoción desagradable que surge cuando no podemos conseguir algo importante para nosotros. Aparece la tristeza, el enojo y la ansiedad frente a eso no logrado”.

Desde que el ser humano nace experimenta situaciones frustrantes. Por eso, la experta considera que la clave está en ser sinceros y sinceras con las emociones que van apareciendo, transparentarlas y no maquillarlas (tanto las propias como con las de nuestros hijos). Y recordar que el ejemplo de los adultos cuidadores (en especial madres y padres) es vital.

Partiendo de la base de que, según Florencia, las infancias van adquiriendo herramientas para afrontar aquello que sienten -en especial, aquellos sentimientos más difíciles de asimilar como puede ser la ira o la ansiedad, entre otros- ,justamente cuando no alcanzan eso que quieren.

Cuando este proceso de aprendizaje no sucede de forma correcta, corren el riesgo de convertirse en adultos con baja tolerancia a la frustración ante las adversidades, es decir, adultos incapaces de enfrentar los distintos obstáculos que se van presentando a lo largo del camino de la vida y que se sienten mal ante cualquier límite. “En los casos más graves, la baja tolerancia a la frustración puede dar lugar a problemas como el consumo de sustancias o el juego patológico, ya sea en la adolescencia o en la vida adulta”, precisa.

La frustración forma parte de la vida: No la podremos evitarla, pero sí aprender a gestionarla y a aumentar la tolerancia frente a ella.

“No se trata de suprimir ni de anular las emociones, sino de tener la capacidad de enfocarse en buscar soluciones y continuar a pesar de los contratiempos y las adversidades. Sabemos que habrá miles de cosas que los chicos desean en la vida que no podrán tener, y otras tantas que no serán como ellos piensan ni serán siempre los mejores en todo”, enfatiza.

Algunas pautas para enseñar a tolerar la frustración en la infancia:

*Enseñarles a reconocer la frustración cuando reciben un NO como respuesta ante lo que deseaban, y a admitir también los sentimientos que se suscita: ira, angustia, ansiedad o tristeza.

*No decirles SI a todo lo que pida ni resolver todos sus problemas. Como adultos, es importante no sobreproteger ni tampoco ser demasiado permisivos.

*Enseñarles a esperar y ser pacientes con las cosas que quieren

*Enseñarles a hacerse responsables de sus actos y a no culpar a los demás del malestar que sienten ante la frustración

*Resaltar la importancia de ser paciente, perseverante y constante a la hora de enfrentar sus problemas y buscar soluciones

*Ser un modelo donde los chicos (sean tus hijos, sobrinos, ahijados) puedan observar cómo afrontás los problemas en la vida cotidiana. Compartir alguna experiencia personal de decepción y frustración incluyendo el relato de cómo la superamos es muy valioso.

Fuente Ohlalá

Foto portada Getty