Pascuas cristianas y judías, en medio de guerras, pobreza y angustias


Este año 2026, coinciden la Pacua Cristiana y la Judía (Pesaj ). No son en realidad, dadas las circunstancias en todo el mundo, unas pascuas para estar felices si es que se tiene un poco de empatía. Hay demasiado dolor en el mundo: un dolor casi parecido a ese Jesús víctima de tormentos, de crucifixión.
Un dolor semejante al de esos hebreos esclavizados en Egipto y aun padeciendo en el desierto, camino a la liberación. Porque la vida en el desierto no fue ni es fácil. El desierto es soledad.
La guerra y sus muertos y heridos, los hogares destruidos, la pobreza, el hambre, las enfermedades y la desprotección en materia de salud de millones de personas, la indiferencia de unos y la crueldad de otros, son escenas terribles en un mundo que, pudiendo ser un paraíso en razón del grado de evolución alcanzada en la ciencia, la tecnología y en la economía dominada por unos pocos, es un infierno para muchos. A veces pareciera que, cumpliéndose la profecía, el demonio gobernara el mundo.
En estas Pascuas, es de esperar que la fe, la esperanza, el deseo y las oraciones de tantos, den a luz un mundo libre de violencia, de injusticias, de derechos conculcados. Que se terminen los esclavos, que se liberen y logren llegar a esa Tierra Prometida que merecen. Que se terminen los crucificados y puedan resucitar a una vida digna, con plena paz y justicia.