Por Lorena Nuñez
La adopción no es solo el acto de brindar un hogar; es, ante todo, el compromiso de sostener una historia. En mi caso, ese camino nació del deseo de ser refugio, pero terminó transformándose en una misión de vida que desafía cualquier diagnóstico. Hoy, nuestra «manada» está integrada por cuatro hijos valientes, neurodivergentes y con discapacidad, quienes me han enseñado que el sistema puede fallar en informar o cuidar, pero el amor consciente jamás falla en sanar.
La Neurodivergencia como Identidad, no como sombra
En el imaginario social, la discapacidad suele presentarse como una carga o un límite. Desde nuestra experiencia como familia por adopción atípica, puedo afirmar que la discapacidad es una realidad que nos dio un propósito profundo. En casa, junto a Lolo y Luna (mascotas) , la neurodivergencia no es algo que «curar», es parte de nuestra identidad.
Mi rol como «Mamá Leona Atípica» consiste en abrazar la historia completa de mis hijos: honrar sus raíces, validar sus duelos y potenciar sus capacidades. Hemos aprendido que un corazón que se siente seguro es capaz de conquistar cualquier cima. No buscamos la «normalidad», buscamos la estabilidad emocional y el respeto.
Derribando Mitos a través del Víncul
Muchos temen a la adopción en discapacidad por los prejuicios que la rodean. Sin embargo, cuando se acompaña con paciencia y empatía, la vida se transforma. Un ejemplo tangible es mi hijo mayor, Ian. Verlo hoy liderar nuestro emprendimiento @rincon_campestre1 y documentar su camino en @iancaminantedefe, demuestra que la discapacidad, con las herramientas adecuadas, se convierte en un triunfo colectivo que impacta a toda la comunidad.
Mi opinión es firme: la adopción en discapacidad es un camino de ida hacia un amor más humano. A través de mi cuenta @mama_leonacorazon, busco visibilizar que los obstáculos del sistema se superan construyendo puentes, no muros.
Como sociedad, debemos entender que la discapacidad no detiene la vida; lo que la detiene es la falta de oportunidades y el prejuicio. Hoy no solo celebramos haber superado tormentas; celebramos que nuestra familia es la prueba viviente de que el amor, cuando es valiente, derriba cualquier mito
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