Por Cristina Bazán – Sarah Sidki
La escritora argentina María Teresa Andruetto regresa a sus orígenes para contar, de una manera íntima, en Una lectora de provincia cómo inició su relación con los libros y con la escritura, marcada por la influencia de mujeres como su madre, su abuela o su bisabuela.
Una influencia que le ha permitido desarrollar una gran curiosidad por la vida de las mujeres, adentrarse en las condiciones que las rodean y, sobre todo, conocer «cómo han sido vistas por otros o cómo no se las ha visto o se ha negado el modo en el que son vistas», dice la autora en una entrevista con Efeminista, durante su paso por la Feria del Libro de Madrid, donde ha presentado su último libro publicado por Ampersand.
«Tengo un interés muy temprano y una curiosidad muy grande sobre la diversidad de formas en las que viven las mujeres y cómo una mujer construye su estar en el mundo. Eso atraviesa todo, atraviesa mis ficciones donde, en general, el personaje es una mujer o quien narra es una mujer u otros narran acerca de una mujer», agrega la escritora, galardonada en 2012 con el Premio Hans Christian Andersen, conocido como el Nobel de literatura infantil.
Reconocida también por su implicación en la lucha feminista y por la legalización del aborto en Argentina, Andruetto cree que si bien algunos derechos adquiridos están amenazados con el Gobierno del ultraderechista Javier Milei, el trabajo de los movimientos de mujeres ha sido tan grande que la población no va a permitir que esos retrocesos se materialicen.
Pregunta (P): En Una lectora de provincia relata su origen y cómo llega a la lectura y a la escritura. ¿Por qué decide regresar a ese origen y a contarlo a sus lectores?
Respuesta (R): Lo siento como una autobiografía lectora, pero no pensada desde un lugar académico, sino desde lo más vital. Cómo se hace lectora una niña que vive a las afueras de un pueblo, con una vida modesta, y cómo una niña de mi generación se encuentra con los libros.
En este caso, el libro está cobijado por una colección que se llama ‘Lector&s’, de la Editorial Ampersand, que tiene casa en Madrid y en Buenos Aires, y los libros nacen por invitación de la directora de la colección. Ella invita a ciertas personas que tienen una vinculación muy fuerte con los libros a que escriban algo de su relación con ellos. Yo opté por esta autobiografía porque, de algún modo, siento que hago, en una escala diferente, lo que hacía mi abuela y mi bisabuela, que era escribir cartas a la gente de su tierra de origen, leer, hacer que otros lean. Siempre, en el caso de ellas, desde un lugar extremadamente modesto. Escribir las cartas de los que no sabían escribir.
P: También tiene mucha poesía…
R: Sí, claro, yo escribo narrativa y ensayo, y la poesía está por debajo de todo lo que hago en las lecturas y en la escritura.
P: ¿Qué significa para usted ser una lectora de provincia?
R: La intención era un poco provocativa y con un título un poco provocativo. Todo lo he hecho desde Córdoba, cuya capital es la segunda ciudad más importante de Argentina, pero vivo en un pequeño pueblito. Y allá, en la provincia, un escritor o alguien que hace una actividad cultural estaba tradicionalmente constreñido al coto regional y difícilmente iba a tener una difusión nacional si no iba a Buenos Aires. Esto ha cambiado un poco con la llegada de Internet. Tengo una frase que me gusta mucho de Cocteau, que dice: ‘Todo pájaro canta mejor si está parado sobre su árbol genealógico’, y yo siento que puedo hacer mi escritura y expandirla desde ese árbol al que pertenezco.
P: Recientemente también publicó ¡Mujeres, mierda!, un libro de relatos en el que comparte y visibiliza historias de disidentes y creadoras, su escritura está marcada por las mujeres, ¿es una decisión política?
R: Devino una cualidad política, pero no estaba ni está en el comienzo de mis procesos de escritura. Lo que sí está es un interés muy temprano y una curiosidad muy grande sobre la diversidad de formas en las que viven las mujeres y cómo una mujer construye su estar en el mundo. Eso atraviesa todo, atraviesa mis ficciones donde, en general, el personaje es una mujer o quien narra es una mujer u otros narran acerca de una mujer.
En los relatos acerca de otras mujeres que no son ficcionales, como en este libro, mi interés es por los bordes y por la focalización en las condiciones de vida y de proyección que ciertas mujeres han hecho con su singularidad y cómo han sido vistas por otros o cómo no se las ha visto, o se ha negado el modo en el que son vistas.
Eso atraviesa todo porque yo también codirigido una colección de recuperación de narradoras argentinas olvidadas en la Editorial Universitaria Argentina, entonces en mis lecturas, en la ensayística, en la edición y en la ficción, está esa mirada a las mujeres, pero no necesariamente a mujeres que se hayan liberado o que sean feministas, aunque yo tenga un posicionamiento tomado en la vida pública. Eso no va a la escritura.
P: Ahora se está recuperando a muchas escritoras que antes se había invisibilizado…
R: Sí, en Argentina hay mucha valorización de la escritura de mujeres. Eso se monta en una ola donde los libros escritos por mujeres son incluso más vendidos que los libros de varones.
En estos últimos años, después del primer ‘Ni una menos’, se ha empezado a leer a las precursoras, a escritoras de los años 30 o 40 que hablaban de las problemáticas del aborto, de la vida independiente, de las luchas por el trabajo, de ser madre en solitario, etc. En algunos casos tuvieron repercusión, pero eran vistas y encasilladas como escritoras para mujeres o para niños. Nunca entraban a la literatura en general, al canon. Jamás eran citadas por los escritores varones, ni siquiera por los que tenían una mirada más progresistas.
P: ¿Esa situación ha cambiado ahora?
R: Sí, a los varones no les ha quedado más remedio que citarnos. Lo que no ha cambiado del todo son las condiciones de escritura y de vida de las mujeres. Yo he escrito siendo sostén de hogar y de dos niñas. La división de las tareas de cuidado no ha cambiado tanto.
P: ¿La literatura puede convertirse en una herramienta de visibilización o reflexión frente al retroceso de los derechos de las mujeres?
R: Sí, pero una cosa es la ensayística y la reflexión sobre lo que pasa en lo social y otra cosa es la ficción. En mi caso, no me gusta darle ese mandato a mis ficciones para que los personajes mujeres enseñen tal cosa o resulten ejemplares. A mí me gusta una escritura en la que miro y espero que algo aparezca, algo que yo todavía no sé, y que la historia que voy contando me va a decir. La importancia de que la escritura misma no sea militante…
Pero sí para que tenga toda la complejidad de la vida, lo que me interesa es atrapar algo de la vida de las mujeres, la vida real de las mujeres, no la ideal. Lo que sí puede servir mucho a la militancia es que alguien tome un libro y lo haga explotar en un grupo para discutir algunas cuestiones como el sometimiento de un personaje o la liberación de otra.
P: Pero se suele filtrar algo ideológico…
R: Claro que sí, esa es la mayor complejidad y riqueza de un escritor. La ideología está detrás de todo lo que uno hace y está en lo que se elige, está en el personaje o en la escena que se elige, pero, una vez que se focalizó una escena, lo primero que tengo que hacer es darle la palabra a una voz narrativa y saber que esa voz no soy yo. Obligarse a mirar desde un otro. Esa delegación de la palabra en un otro obliga al lector a entrar por ahí porque no tiene otro modo de entrar en el relato y lo obliga a descentrarse, así como yo me descentro a la hora de escribir, y eso vuelve la experiencia de la lectura muy inclusiva, porque uno se ve obligado a ser otro.
Fuente: EFE (efeminista.com)
Portada fuente: sonambula.com.ar
