La expresidenta constitucional, María Estela Martínez de Perón, y por otra parte la primera mujer presidenta del mundo, fue la mandataria que más tiempo estuvo detenida luego del golpe militar del 24 de marzo de 1976: 5 años, 3 meses y 8 días presa ¿Los cargos? La verdad que irrisorios, más que irrisorios verdaderos inventos para justificar su detención. Una de las causas era por corrupción, peculado.
Juan Bautista Jofré recordaría que entre las «pruebas» están las boletas de compra por parte de la Presidencia de la Nación de “2 almendras peladas de 200 gramos cada una” por 59.90 pesos (10 de abril de 1975); “200 gramos de avellanas a 46 pesos”, en Aromas SA (28 de abril de 1975); “150 gramos de jamón cocido y 150 gramos de jamón crudo (45 pesos)” en la Confitería del Molino (26 de mayo de 1975) y una bolsa de “caramelos especiales” en la Casa Bonafide (16 de junio de 1975)».
Claro que hubo otras causas, pero igualmente endebles. Al gobierno militar, ya desgastado y cuyo plan económico no había dado ningún resultado, no le quedó más remedio que liberarla. Esta liberación se produjo el 9 de julio de 1981 y la expresidenta se dirigió a España donde reside hasta la actualidad.
Pero años más tarde, en el mes de enero del 2.007 y ya transcurridos muchos años de democracia, la señora fue acusada y denunciada por familiares de desaparecidos por considerarla responsable de los delitos cometidos por la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista) y la justicia argentina solicitó su extradición. La extradición fue pedida por un juez mendocino y también, y nada menos, por Norberto Oyarbide. La Audiencia Nacional de España negó esa extradición por ausencia de pruebas que la califiquen como presunta responsable de crímenes de lesa humanidad, y resolvió prescribir los hechos que se le imputaron. Pero además se tuvo en cuenta la la ley 23.062, sancionada el 23 de mayo de 1984, que estableció que la ex presidenta María Estela Martínez de Perón no podría ser juzgada por ningún delito que hubiera cometido antes del golpe militar, porque no había sido desaforada ni sometida a juicio político como prevé la Constitución, sino destituida por un “acto de rebelión”. La ley se autodenominó “instrumento de reparación histórica”.
Católica practicante y claramente antimarxista, la señora de Perón fue debidamente respetada por dos presidentes y una vicepresidenta: Rauĺ Alfonsín, con quien se encontró en varias oportunidades, Carlos Menem y la actual vicepresidenta Victoria Villarruel quien hace poco la visitó en su residencia de Madrid. En opinión de no pocos el «peronismo» (si es que puede hablarse de peronismo en estado puro luego de la muerte de Perón), la olvidó.

