Por Marisa Plano*
Mañana se celebra la llegada de los Reyes Magos.Cada 6 de enero la historia vuelve a contarnos un relato antiguo que, lejos de gastarse con el tiempo, se renueva en cada mirada que aún sabe esperar.
Los Reyes Magos no son solo personajes de una traición; símbolos de una humanidad que busca, que se equivoca, que camina largo, pero no se rinde.
Melchor, Gaspar y Baltasar no llegaron por casualidad. Llegaron porque supieron leer una señal en el cielo y confiar. En un mundo acelerado, donde todo se quiere inmediato, los Reyes nos enseñan el valor de la espera, del trayecto, el compromiso silencioso. Nadie habla del cansancio del camino, del frío de la noche o de las dudas, pero estuvieron ahí. Y aún así siguieron.
Sus regalos tampoco fueron simples obsequios: fueron gestos cargados de sentido. Oro para reconocer la dignidad, incienso para honrar lo sagrado de la vida, mirra para recordar que incluso en el dolor hay propósito. Qué mensaje tan profundo para todos los tiempos: no siempre se da lo que sobra, sino lo que tiene significado.
Hoy, más que nunca, necesitamos recuperar ese espíritu. Ser un poco Reyes Magos en la vida cotidiana: llevar presencia donde hay soledad, ternura donde hay heridas, Esperanza donde parece que todo se apaga. No hacen falta coronas ni camellos; alcanza con mirar al otro con humanidad y actuar con amor verdadero.
Los Reyes Magos nos recuerdan que la fe no es ingenuidad, que la solidaridad no es debilidad y que la esperanza sigue siendo un acto profundamente revolucionario. Porque mientras haya alguien que camine para llevar luz, la estrella nunca deja de brillar.
Y tal vez ese sea el mayor regalo: ENTENDER QUE TODOS, ALGUNA VEZ, PODEMOS SER PARTE DEL MILAGRO.
*Lic. en Ciencias de la Educación
