Reclamando derechos

Las múltiples violencias que limitan los derechos afrodescendientes en América Latina


Por Cristina Bazán

El acoso, las intimidaciones y otras múltiples violencias ocurren en todos los espacios y durante toda la vida de las mujeres afrodescendientes de América Latina y el Caribe, una situación que limita sus derechos a una vida libre de violencia, a la educación, a una vivienda adecuada o al trabajo, lo que a su vez perpetúa la pobreza en la que viven.

Sin embargo, en las respuestas que los Estados de la región tienen para prevenir y sancionar estas violencias no se ha tomado en cuenta el enfoque interseccional entre género y raza que se necesita para hacer frente a la dura realidad que viven las afrodescendientes, por lo que el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (Mesecvi) busca que los países integren esta mirada en sus políticas públicas.

De ahí nace la Recomendación General 5, sobre violencia de género contra las mujeres afrodescendientes, un documento que se lanza a propósito del Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, también conocido como Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, del que se derivan 52 recomendaciones que permitirán a los Estados que han ratificado la Convención de Belém do Pará reconocer, visibilizar y abordar las violencias específicas que sufren estas mujeres.

«Hemos encontrado que la violencia, la pobreza, la explotación, la discriminación y las dificultades para el acceso a la justicia, a la salud, educación o al trabajo remunerado se agravan en el caso de las mujeres afrodescendientes, quienes además sufren tres veces más violencia sexual por todos los estereotipos que hay en torno a su cuerpo y a su sexualidad», explica a Efeminista Teresa Inchaustegui, vicepresidenta del Comité de Expertas del Mesecvi.

Por ese motivo en el documento, dice Inchaustegui, se enfatiza en la obligación que tienen los Estados de cumplir con la debida diligencia, la reparación y con una serie de medidas legislativas, como la adopción de normas y mecanismos para proteger a las afrodescendientes, que «tengan un nivel jerárquico adecuado». «Porque lo que se encuentra también es que en algunos países donde se han adelantado medidas o mecanismos, estos aparecen en un nivel jerárquico muy por debajo, sin realmente incidencia en el proceso de acceso a la Justicia», agrega.

El acoso, las intimidaciones y otras múltiples violencias ocurren en todos los espacios y durante toda la vida de las mujeres afrodescendientes de América Latina y el Caribe, una situación que limita sus derechos a una vida libre de violencia, a la educación, a una vivienda adecuada o al trabajo, lo que a su vez perpetúa la pobreza en la que viven.

Sin embargo, en las respuestas que los Estados de la región tienen para prevenir y sancionar estas violencias no se ha tomado en cuenta el enfoque interseccional entre género y raza que se necesita para hacer frente a la dura realidad que viven las afrodescendientes, por lo que el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (Mesecvi) busca que los países integren esta mirada en sus políticas públicas.

De ahí nace la Recomendación General 5, sobre violencia de género contra las mujeres afrodescendientes, un documento que se lanza a propósito del Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, también conocido como Día de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, del que se derivan 52 recomendaciones que permitirán a los Estados que han ratificado la Convención de Belém do Pará reconocer, visibilizar y abordar las violencias específicas que sufren estas mujeres.

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La situación de las afrodescendientes en América Latina

Según cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), seis de cada diez mujeres afrodescendientes en la región (64 %) han sufrido violencia a lo largo de su vida, con mayor prevalencia durante la infancia (29,6 %).

«Las niñas tienen que enfrentar la hipersexualización de sus cuerpos, un resultado de esta idea colonial de que las mujeres afrodescendientes son dotadas de sexo. Eso las pone en una situación de mayor vulnerabilidad para enfrentar la violencia, no sólo en el hogar, sino en otros espacios como la escuela y la calle, que son lugares sobre los que no se generan políticas ni acciones», señala Paola Yañez, de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

Y es que si bien las afrodescendientes, al igual que las mujeres de otras razas, sufren violencia por parte de la pareja (59,7 %) o en la familia (55,7%), los niveles más altos se registran en la calle. Por ejemplo, el 67,7 % denuncia violencia a nivel comunitario, el 75,2 % en el ámbito laboral y el 78,1 % en el educativo.

«Muchas de las políticas en materias de prevención de violencia basada en género están centradas en prevenir la violencia dentro del hogar, pensando en que el hogar es el lugar más inseguro para las mujeres, que en parte es cierto, pero en el caso de las afrodescendientes uno de los espacios más violentos es el público», señala Yañez.

La situación de las afrodescendientes en América Latina

Según cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés), seis de cada diez mujeres afrodescendientes en la región (64 %) han sufrido violencia a lo largo de su vida, con mayor prevalencia durante la infancia (29,6 %).

«Las niñas tienen que enfrentar la hipersexualización de sus cuerpos, un resultado de esta idea colonial de que las mujeres afrodescendientes son dotadas de sexo. Eso las pone en una situación de mayor vulnerabilidad para enfrentar la violencia, no sólo en el hogar, sino en otros espacios como la escuela y la calle, que son lugares sobre los que no se generan políticas ni acciones», señala Paola Yañez, de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

Y es que si bien las afrodescendientes, al igual que las mujeres de otras razas, sufren violencia por parte de la pareja (59,7 %) o en la familia (55,7%), los niveles más altos se registran en la calle. Por ejemplo, el 67,7 % denuncia violencia a nivel comunitario, el 75,2 % en el ámbito laboral y el 78,1 % en el educativo.

«Muchas de las políticas en materias de prevención de violencia basada en género están centradas en prevenir la violencia dentro del hogar, pensando en que el hogar es el lugar más inseguro para las mujeres, que en parte es cierto, pero en el caso de las afrodescendientes uno de los espacios más violentos es el público», señala Yañez.

«Hay un alto grado vulnerabilidad a sufrir violencia cuando sales en la calle y el acceso a la justicia es algo muy complicado porque no te creen y creen que provocaste la situación, por las ideas racistas sobre las mujeres. Además, no se genera información ni registros administrativos sobre cómo se resuelven o se atienden los casos. Todo es parte de la problemática», agrega.

Pero las consecuencias de las violencias van más allá de los hechos, pues provocan que las niñas abandonen la escuela, que las mujeres dejen sus trabajos o se nieguen a aceptar ascensos o salgan de sus hogares, aunque no tengan un ingreso fijo para sostenerse a ellas mismas o a sus hijos e hijas.

Resulta común que cuando participan en sus comunidades o en el espacio público son a menudo víctimas de violencia política. También corren mayor riesgo de ser víctimas de trata para la explotación sexual o trabajo forzoso.

«Hay muchos elementos y datos que nos invitan a pensar que no podemos analizar la violencia de género y las desigualdades sin reconocer desde una mirada interseccional cómo la discriminación racial y la discriminación estructural terminan siendo elementos determinantes en la experiencia de vida de las mujeres afrodescendientes», afirma Rocío Muñoz, asesora regional de género y juventudes en la oficina regional de UNFPA.

Fuente EFE (efeminista.com)

Foto portada: EFE/Sebastião Moreira