Hay señales tempranas que, con el tiempo, terminan revelando un destino. A Patricia Véronica Saporiti —más conocida como Patti Saporiti— una de esas señales le llegó a los seis años, cuando obtuvo una mención en un concurso internacional de dibujo en Japón organizado por la UNESCO. Décadas más tarde, aquella nena de Villa Pueyrredón se convertiría en una referente del arte textil argentino.
Hoy expone en museos, suma premios, integra la Comisión Directiva del Centro Argentino de Arte Textil (CAAT) y encontró en los hilos, las telas y el bordado una forma de narrar memorias, emociones y vínculos. Pero su camino no fue lineal.
Patti nació y creció en Villa Pueyrredón, en la ciudad de Buenos Aires. Muy cerca de su casa quedaba el taller de Basia Kuperman, artista plástica polaca que había llegado a la Argentina escapando del nazismo. Allí empezó a dibujar y pintar siendo muy chica. Basia no solo le enseñó técnicas: también despertó en ella el amor por los grandes maestros, la historia del arte y la sensibilidad creativa. Fue esa misma maestra quien, en 1970, la anotó en un certamen internacional de dibujo en Japón. Patti tenía apenas seis años cuando recibió una mención otorgada por la UNESCO. “Todavía conservo el diploma y un prendedor de oro que me enviaron”, recuerda.
Aunque todo parecía anticipar un futuro artístico, la vida tomó otros rumbos. Durante la adolescencia se enfocó en las exigencias académicas del colegio alemán donde cursó la secundaria y también practicó gimnasia deportiva.
Más tarde estudió Derecho, se recibió muy joven y comenzó a trabajar en un estudio especializado en Derecho Penal Empresarial. En esa etapa conoció a Gustavo, su compañero de vida desde hace más de 35 años. Mientras tanto, el arte aparecía y desaparecía en distintos momentos. Volvió al taller de Basia durante sus años universitarios, pero volvió a interrumpir esa búsqueda una semana antes del nacimiento de su hija Sofía, en 1997.
Hay veces en que una ausencia ilumina lo que estaba dormido. En 2014, cuando su hija adolescente viajó a Alemania para hacer un intercambio estudiantil, Patti sintió el impacto de la distancia. Una llamada telefónica entre lágrimas funcionó como punto de inflexión. En lugar de quedarse quieta, canalizó esa emoción retomando su práctica artística. Esta vez, para siempre.
Desde entonces, su obra se expandió en múltiples direcciones: joyería textil, bordado, tejido y proyectos colectivos con otros artistas. También sostuvo una formación constante a través de talleres y workshops con referentes locales e internacionales.
“Gracias a la pandemia pude tomar clases con artistas extranjeros, cuando recién empezaba la era del Zoom”, cuenta. Entre esas experiencias menciona a la brasileña Aline Brandt y a la mexicana Nadia Albertini, reconocida por trabajar para casas de alta costura en París.
Si tiene que elegir una pasión dentro del universo textil, no duda:
“Me apasiona bordar a mano”.
Ese gesto atraviesa gran parte de su obra. En especial, el punto festón, que convirtió en una marca personal presente tanto en sus piezas artísticas como en su joyería textil.
Cada puntada, en su trabajo, parece construir una historia íntima donde lo femenino, lo biográfico y lo poético se entrelazan.
Premios, exposiciones y reconocimiento
Su crecimiento artístico también se tradujo en reconocimientos. En 2018 obtuvo el Segundo Premio Pequeño Formato del Salón del Museo de Arte Popular José Hernández.
En 2023 recibió el Primer Premio del Salón de la Mujer en categoría textil, otorgado por la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, y también el Segundo Premio en la categoría textil del 90° Salón de Otoño.
Además, fue seleccionada para la Bienal Internacional de Arte Textil From Lausanne to Beijing y realizó exposiciones individuales y colectivas en Argentina y Uruguay.
En los últimos años también fue convocada como jurado en importantes salones de arte textil.
Además de su trabajo creativo, Patti participa en acciones solidarias junto a colegas textiles. Confecciona mantas y ropa para niños destinadas a la Fundación Paolini y al proyecto Soñarte de Cáritas San Isidro.
“Hay que acercar el arte a espacios donde muchas veces no llega”, sostiene.
La historia de Patti Saporiti conmueve porque habla de talento, sí, pero también de tiempos personales, segundas oportunidades y valentía para reinventarse.
Durante años fue abogada, madre, profesional y sostén. Pero también siguió siendo esa niña que una vez dibujó para Japón y recibió una señal.
Hoy encontró en el arte textil su verdadero hogar: un espacio donde cada hilo une pasado, presente y deseo.
Fuente Ohlalá
Fotos Prensa


