La familia y la escuela son un marco referencial imprescindible para la educación de todo ser humano; por eso debemos tener muy en cuenta la complejidad, cada vez mayor que imprime la demanda de una nueva visión educadora de la familia y la escuela según las épocas, lo que exige su compromiso para trabajar unidas en un proyecto común.
El objetivo principal de este lazo es crear un espacio de reflexión sobre la necesidad de tomar conciencia de la formación en Educación Familiar en donde se denote a cada familia como primer eslabón de la educación, contribuyendo así a mejor calidad de la enseñanza.
La familia como primer ámbito educativo necesita y debe reflexionar sobre sus pautas en educación y tomar conciencia del real papel que cumple .
El niño y niña comienzan su trayectoria educativa en la familia para luego complementarla en la escuela; por lo tanto familia y escuela son dos contextos próximos en la experiencia diaria de cada niño y niña.
Todo acto educativo se logra con esfuerzo común para crear espacios de comunicación y participación de forma que le den coherencia a esta experiencia cotidiana. La razón de este accionar se justifica en la finalidad dirigidas al crecimiento biológico, psicológico, social, ético y moral de cada alumno, en síntesis, al desarrollo integral de su personalidad.
De la coordinación y armonía entre familia y escuela va a depender el desarrollo de personalidades sanas y equilibradas, cuyas conducta influirá en posteriores interacciones sociales y convivencia en grupo , que crearán un nuevo estilo de vida.
En consecuencia, ambas instituciones deben plantearse como objetivo primordial al niño y niña como verdaderos protagonistas del quehacer educativo, teniendo como pilar la comunicación para superar dificultades, conflictos, contrastes y contradicciones de la realidad cotidiana que surgen de la propia convivencia del hogar, y su entorno.
La Escuela se sitúa en el segundo espacio, de vital importancia en la vida de los niños y niñas; entre sus objetivos se encuentra el fomentar la participación, cooperación y colaboración en el grupo, descubriendo así el respeto y aceptación por la diversidad.
En conclusión la puesta en práctica de los valores comunitarios y democráticos que se proponen en la familia y escuela forman parte de las experiencias y vivencias del alumnado, desde los dos ámbitos, dando el primer paso la familia como función básica y esencial en el inicio de la formación de cada niño y niña.
Marisa Plano.
Lic. en Ciencias de la Educación.

