La columna de Paula Winkler

Fútbol, filosofía y algo más


Por Paula Winkler

El fútbol es un fenómeno social, la filosofía una disciplina académica, aunque también un fundamento posible de la existencia humana, de la realidad y de su periferia (metafísica). Soy argentina y quiero a España. Me unen a esta nación las raíces catalanas de mi abuela materna y su lengua. En tiempos de algoritmo, furia y pantallas, quizá lo que se pueda rescatar es la comprensión de un siglo complejo en el que muchos países proclaman individualismos y otros, la construcción constante de una esperanza más colectiva. Pero los países tienen historia y las personas no somos solo nuestra biografía, lo que hacemos, en lo que creemos. La creencia, por lo demás, se sostiene en un fundamento, a menos que se sea un inconsistente prendido de las redes.

¿Cuál es el fundamento de reacciones xenofóbicas y violentas, derivas de un triunfo que no se termina de poder celebrar con alegría y de un segundo lugar al que, por un exitismo voluntarista que no tuvo buen final, no se desea renunciar insistiendo en una derrota digna (acaso porque la realidad argentina no puede taparse, disfrazarse, negarse y debido a que no hemos aprendido a distinguir ilusión de esperanza)?

Esta nota de opinión tiene el propósito de elevar el debate entre dos países hermanos en los que confluyen cultura e historia. Traigo así a colación a pensadores españoles que nos dejan una importante enseñanza en tiempos en los que, incluso en las universidades, se propaga demasiada preocupación por la IAG, por las redes, por las opiniones… La filosofía humanista de Zambrano y Zubiri, discípulos de Ortega y Gasset, la llamada “Escuela de Madrid”, del siglo pasado, estudia la realidad. No, las ideas (ni los fanatismos aspiracionistas). Si lo real no puede acusarse sino a través de nuestra percepción, con representaciones (Nietzsche, Heidegger), no deberíamos caer por ello en relativismos dualistas que nos impongan elegir entre nominalistas y sustancialistas, entre blanco y negro; entre “sos vos o soy yo”… La existencia es compleja, cuesta gobernar, vivir en democracia, renunciar al superyó en pos del otro y hacer lazo social. Si no tenemos un fundamento, un paradigma sólido (y tampoco lo buscamos), en la escena del planeta todo lo va a gestionar la rabia. Las creencias también necesitan de un fundamento, y si se exige en una cancha el cumplimiento estricto del reglamento deportivo, que esta actitud no sea una mera pulsión efímera y luego, se adhiera a malas gestiones en la vida pública.

En medio de una confusión evidente entre amor al ídolo y la ideologización del mismo, entre guerras, enclaves, odio e hipocresías, sufrimiento y anomia, cualquiera sea el país de pertenencia, prefiero rescatar la cordura. La Escuela de Madrid, poco reconocida en el mundo universitario atento a la influencia germana en la filosofía y en la sociología (Escuela de Frankfurt), exige lectura y voluntad para ser difundida, más allá de las noticias tristes sobre trifulcas y vandalismos. Hay mucho que aprender de Europa, hay mucho que visibilizar del pensamiento hispanoamericano. Y lo dice quien se formó en la lectura de los filósofos antiguos y de los alemanes. ¡Salud, al pueblo español y al argentino! La paz no solo depende de los cuerpos diplomáticos ni de las organizaciones internacionales.