En otra época cambiar un pañal, dar un biberón, acunar al niño hasta dormirlo, bañarlo, entre otras cosas, era tarea exclusiva de la mujer. El papá observaba pero no se involucraba en estas acciones.
Por suerte en eso hemos evolucionado de manera favorable y ahora el papá está más atento y presente a todas estas demandas desde antes del nacimiento.
Por Juliana Duclos*
Pareciera que antes el padre encarnaba la autoridad y no había sitio para estas cosas cotidianas, una lástima porque se perdían la mejor forma de ejercer su paternidad. Es cierto que la mujer de nuestros días, a la inversa de nuestras abuelas, salen a trabajar y tienen más obligaciones fuera del hogar que antes y eso también influye para que el padre colabore de manera activa.
Se podría decir que el embarazo en la época actual se vive de a dos, si bien la vivencia de cada miembro de la pareja será distinta el bebé percibe la presencia del papá antes de llegar al mundo. Hoy desde el acompañamiento a los cursos de preparto, asistir a todas las ecografías para apreciar lo que se está gestando en el vientre hasta poder estar en el momento del nacimiento, ya sea que el alumbramiento sea natural o por cesárea, el hombre se involucra más y vive más de cerca todo el proceso.
En realidad se animan más a expresar sus sentimientos y esto, además de ser de vital ayuda para la mamá, es sumamente favorable para el desarrollo del bebé. Estudios científicos han determinado que en ese acto de amor de los primeros tiempos el padre produce oxitocina, hormona que antes se pensaba que se segregaba para provocar eltrabajo de parto y para tener leche materna, cosa que es cierta, pero hoy se la llama la hormona de los vínculos y se sabe que es una molécula orgánica pequeña, un oligopéptido que se produce en el sistema nervioso central, concretamente en el hipotálamo.
Desde allí se transfiere a la hipófisis, una glándula que está en nuestro cerebro, dónde se almacena y desde donde se secreta cuando se necesita.
Muchas veces los papás tienen miedo de hacer mal las cosas y prefieren que sea la mamá quien lleve adelante la iniciativa, sin embargo hoy son más atrevidos que antes y aprenden rápido a cambiar un pañal, a preparar y dar una mamadera, saber de qué modo poner a dormir a un bebé, etcétera.
El camino que inician en la crianza del hijo no se detiene, después vendrán los tiempos donde los tengan que vestir para llevarlos al jardín, prepararles un desayuno o merienda, ayudarlos en las tareas, llevarlos a la cama y contarles un cuento, después de una jornada de trabajo con el cansancio a cuestas tirarse al piso para jugar, en fin acompañar todo el crecimiento y hacerlo desde un rol activo.
Esas conductas serán advertidas por el chico de manera positiva y se creará un vínculo de amor indisoluble.
Está comprobado por estudios que los niños que han tenido un papá presente durante su desarrollo se desenvuelven mejor en la vida.
El rol paterno es tan vital como el materno, si bien este último es el primer vínculo con todo lo que ello significa, apego y fusión desde el momento de la gestación, también es cierto que es tarea de la mamá dejar espacio para que el papá aparezca en la escena cotidiana y sea protagonista en la crianza.
Se podría decir que la función del padre es necesaria como un tercer espacio aparte del mundo ideal que se crea entre la madre y el hijo, ese tercer lugar es de suma importancia en la estructura del niño para ser y para crecer.
Tener un hijo es una de las experiencias más maravillosas que nos regala la vida y ser papá es un desafío, es comprometerse con ese nuevo ser que ha llegado al mundo y de el cual seremos por mucho tiempo el sostén, la protección y el espejo donde se mirará.
*Licenciada en Psicología
U.C.A.L.P. (Universidad católica
Argentina de La Plata)
Matrícula 611
