Por Cecilia Taburet

Felices fiestas: ¿celebración o imperativo?


Es sabido que el fin de año conlleva a realizar planteos sobre el año transcurrido y dar lugar a los balances. Lo cierto que los tiempos del calendario operan muchas veces como imperativo, dejando de lado los plazos subjetivos. Si bien culturalmente la navidad es un momento de reflexión, de unión y el fin de año un momento de cierre donde se renuevan las esperanzas en relación al porvenir; en muchas ocasiones se genera pensamientos mágicos; es decir, con solo cambiar un número todo cambiará y se resolverán todos los pendientes; cuestión que acarrea muchas expectativas y cuando esa brecha entre ideal y realidad es muy amplia conlleva malestares,sentimientos de desilusión y abatimiento en torno a lo que vendrá.

Estas situaciones adversas pueden ser resueltas dejando de lado el “tengo que resolver” dando paso al desafío de preguntarse sobre ¿Qué quiero cambiar o mejorar para el próximo año? En todos los casos hay que destacar que tienen que ser proyectos realistas y que muchos de ellos (por no decir todos) llevan un proceso, un tiempo y una dedicación. También parece ser efectivo jerarquizar o darle un orden de prioridad a los proyectos y la Planificación a corto plazo, siempre teniendo en cuenta que será del orden de lo imposible “cumplir” con todos los items. Será sustancial ser consciente que la época convoca a finalizar tareas y funciones pero que no se puede pretender resolver todo.

Si bien puede aliviar hacer algunos cierres es importante mantener la calma y comprender que más allá del “hacer” se encuentra el “ser”. Estar escindido entre lo que “debo hacer” y lo que deseo acarrea dificultades . El “deber ser” representa exigencias que se tornan o calzan les en cambio el “ ser” está conectado con los deseos y el bienestar singular. En las fiestas (que no siempre son tan felices) se observa el “ tengo que juntarme con mi prima que no aguanto”, además tolerar las típicas preguntas incómodas “¿Para cuando la pareja?”; por hacer honor a la tradición se reúnen con parientes con quienes no tienen vínculo o conexión y ese día que tendría que ser especial se torna molesto.

Animarse a poner un freno y decir No quiero, es un gran desafío que traerá alivio y aplacara el malestar previo y durante las fiestas. Será beneficioso sostener algunas tradiciones como armar el armar el arbolito de navidad, decorar los espacios, cocinar comida especial,pero sin perder el eje de con quien deseamos pasar la noche buena y comenzar el año venidero. Algunas preguntas para pensar en estos tiempos tan significativos serán ¿Con quien decido pasar las fiestas?, ¿Cuento con proyectos acordes al contexto que transito?, ¿Soy consciente de necesito una pausa para descansar?, ¿Tengo que hacer todo por obligación? La navidad suele inspirar buenos deseos, unión y reflexión pero no siempre reina la armonía en los vínculos familiares,por lo tanto, ser consciente de la complejidad de los mismos es una opción para ser coherentes con lo que se siente , y actuar en consecuencia a lo vivenciado durante todo el año y no meramente descontextualizarlo o reducirlo a una cena de noche buena.

Por qué no elegir pasar el Año Nuevo con amigos? ¿Por qué no decidir darle la bienvenida al nuevo año con personas que suman y que son parte del día a día?. Hacer de estos tiempos momentos especiales es un verdadero desafío, estar dividido entre lo que “deseo “y lo que “tengo que hacer” siempre será doloroso. Estas fiestas dejemos de lado los ideales y las imposiciones que nos alejan del sí mismo.