¿Estar enamorado influye en nuestra salud corporal?


 

Cuando empieza una historia de amor, muy diferente a lo que ocurre con la ruptura amorosa, nuestro cerebro sufre una serie de cambios con el objetivo de que nos quedemos cerca de nuestra pareja, quien se convierte casi en una droga debido al sistema límbico, sede de las emociones y los recuerdos.

La neurobióloga francesa Lucy Vincent, autora de la “Neurobiología del amor” (Gedisa Editorial), explica a EFESalud que otro de los síntomas que tiene el cerebro durante el enamoramiento es el aumento de los celos que sentimos cada vez que alguien o algo amenaza nuestra relación.

Todo ello provoca un cambio en el patrón de los receptores en nuestro cerebro de oxitocina -conocida como “la hormona el amor”- y vasopresina -otra hormona que favorece que se desee estar con la misma pareja- que hace que cambie nuestra sensibilidad a todo lo relacionado con el otro y la actividad sexual.

Y según la neurobióloga muchos experimentos han demostrado que la oxitocina es “un poderoso estimulador del sistema inmunológico” con lo que “sólo por eso estaríamos más sanos cuando nos enamoramos”.

Además, hay que tener en cuenta: “Todos los efectos ligados a la actividad sexual regular con la pareja, que estimula la secreción de las hormonas sexuales que generalmente fortalecen nuestro cuerpo, reparan cualquier herida y nos hacen sentir con más energía”, agrega Vincent.

Pero todo lo bueno se acaba. Después de un periodo de unos 18-36 meses, estos efectos se van erosionando lentamente y nuestro cerebro encuentra su actividad basal, en la que no somos tan sensibles ni reactivos a nuestra pareja y tampoco a la actividad sexual, tal y como indica la experta.

¿Y qué ocurre cuando el amor llega a su fin? La neurobióloga subraya que el final de una relación no tiene por qué significar un desamor porque a veces hay un entendimiento mutuo de que “la aventura ha llegado a su fin” y ambos inician nuevas relaciones.

“Sin embargo, cuando te rompen el corazón puede ser muy doloroso, ya que la parte del cerebro que responde al dolor físico es la misma que produce el dolor de las heridas psicológicas, como el desamor”, resalta Vincent.

De hecho, la psicóloga general sanitaria Ángeles Sanz Yaque asegura a EFEsalud que cada vez acuden más pacientes a las consultas por ruptura sentimental, no solo para superarla sino también para dar el paso de poner punto y final a la relación.

Y es que cuando se termina con la pareja, “se rompe un proyecto de vida emocional y la desestabilización es total”, prosigue Sanz Yaque, que matiza que “siempre es muchísimo peor para quien no toma la decisión de dejar la pareja” porque la otra persona que decidido romper ha hecho un plan de vida diferente.

“Afecta incluso al sistema inmunológico, la persona entra en una fase de indefensión, en la que se dispara una ansiedad alucinante, y en ese momento aparecen todas las inseguridades, todos los medios que estaban tapados, encubiertos con la relación de pareja”, argumenta la psicóloga.

Como ejemplo expone que si una persona no ha tenido una buena autoestima física porque se veía gorda y con la pareja ese sentimiento no estaba presente, con la ruptura se puede disparar, de nuevo ese miedo.

La neurobiologa francesa se expresa en el mismo sentido porque el ser abandonado por la pareja puede ser perjudicial para la salud si se siente como una situación estresante, si nos echamos la culpa a nosotros mismos, por ejemplo.

En este caso, el estrés puede conducir a una estimulación anormal del eje hipofisario-pituitario-suprarrenal, con el consiguiente aumento a largo plazo de cortisol y adrenalina, añade la experta francesa.

Si estas “hormonas del estrés” se liberan durante largo tiempo, provocan efectos perjudiciales en el cuerpo que pueden generar enfermedades vinculadas con el estrés: como úlceras estomacales, colon irritable, migrañas, infecciones por herpes, enfermedades cardiovasculares e incluso cáncer.

Antes de llegar a esta situación, la mejor terapia para la angustia, según Vincent, es la misma que para cualquier droga, es decir cambiar los hábitos para que lo que tenemos alrededor no nos recuerde la necesidad de nuestra droga.

“En términos prácticos, esto significa ir a diferentes bares y cafés, vestirse de manera diferente, ver a diferentes amigos, comer distinto, adoptar diferentes pasatiempos, escuchar diferentes canciones, etc”, propone la neurobióloga.

Para la psicóloga Sanz Yaque primero hay que darse un tiempo con el fin de recomponerse, no hay que precipitarse a pesar de que la persona abandonada desea es estar bien pronto, pero es un cambio tan profundo que muchas personas tardan meses y meses.

“Lo primero que hay que aceptar es que se está en una etapa mala y segundo, hay que buscar apoyo”. Éste puede ser profesional, si no se cuentan con la habilidades necesarias para superarlo, pero también de los amigos y de la familia, siempre que éste “sea útil”, enfatiza la psicóloga, miembro del Colegio Oficial de Psicología de Madrid.

En cualquier caso, a su juicio, el despecho no es un buen mecanismo de defensa porque está basado en la rabia que uno tiene, en una especie de venganza que “no ayuda a nada porque mantiene el daño, no lo limpia”.

“Lo mejor es trabajarte ese despecho, que es absolutamente válido, te han roto la vida, te han engañado, pero hay que procurar no darle salida porque es un círculo vicioso, al final la crisis de base de la ruptura del vinculo no se resuelve”, zanja la psicóloga.

Informe de EFE Salud