Por Lucía Rubio Marcos
Amas de casa devotas, madres relegadas al hogar y esposas marginadas socialmente son algunas de las protagonistas de Envenenadoras, el libro de Marisol Donis que se sumerge en el mundo de los crímenes ejecutados por mujeres, donde la desesperación, la venganza o incluso la compasión han sido históricamente el motor de asesinatos meticulosamente planeados.
Criminóloga, farmacéutica y escritora, Marisol Donis es ganadora del Primer Premio de Patrimonio Histórico Artístico Farmacéutico 2000 y autora de obras como Hasta que la muerte os separe (2004), Víctimas de la Justicia (2006) y Sirvientas Asesinas (2011).
Envenenadoras (2025), una edición revisada y ampliada de su obra Envenenadoras: la crónica negra de los 40 casos más célebres cometidos por mujeres en España (2002), ofrece un recorrido por casos reales de mujeres asesinas en España y en Europa, y explora cómo el abuso y las condiciones sociales han convertido el veneno en el aliado perfecto de muchas mujeres.
En el libro, Marisol Donis destaca que las mujeres que envenenaban no lo hacían siempre por las mismas razones. En España, la mayoría de ellas mataban movidas por el rencor o la sensación de haber sido tratadas injustamente.
“Muchas mujeres mataron por estar ya cansadas de que las trataran como esclavas”, señala la autora en una entrevista con EFE.
Sin embargo, en otros países europeos, los motivos eran distintos. En Francia, Bélgica o Alemania, las envenenadoras solían tener un perfil más sofisticado. Muchas no mataban por sentirse atrapadas en una vida de sacrificio, sino por razones económicas.
«He observado que, por ejemplo, en Francia, en Bélgica, en Alemania, son mujeres más sofisticadas y matan sobre todo para heredar«, detalla Donis.
La autora hace especial énfasis en que las diferencias en los motivos de estas mujeres para matar se deben principalmente a sus distintos contextos históricos y sociales, a pesar de que los rasgos de la personalidad también entren en juego.
Si bien el veneno ha sido el método predilecto de las mujeres para matar a lo largo de la historia, las formas de seleccionarlo y administrarlo han variado según el contexto y los recursos disponibles.
En la España del siglo XIX, muchas mujeres recurrían a elementos cotidianos para llevar a cabo sus crímenes.
«Estas mujeres eligen el veneno porque cualquier cosa que tengan en casa puede convertirse en veneno”, explica Donis.
Un ejemplo es el uso de cerillas, cuyo fósforo resultaba letal, así como los insecticidas y plaguicidas con arsénico, productos comunes en los hogares.
A diferencia de las europeas más adineradas, que podían acudir a distintas farmacias en busca de derivados del opio como la atropina o la morfina, muchas envenenadoras españolas no tenían la posibilidad de moverse libremente fuera del hogar.
“La mujer española no se movía de casa, entonces ningún farmacéutico podía decir que había pasado por allí”, señala Donis.
A diferencia de los asesinos, Donis explica que las envenenadoras no actúan en un instante de furia, sino que dosifican el veneno con cuidado.
“La envenenadora es una mujer muy paciente que dice: Bueno, voy a probar con esta dosis, si no muere, pues con otra dosis”, explica la autora.
Otro factor diferenciador es la ausencia de contacto directo con la víctima en el momento de la muerte, pues la autora asegura que «estas mujeres odian la sangre, odian tener un cómplice, y en el caso de que decidan matar, mirar a la víctima a la cara”.
Además, no se enfrentan al problema de deshacerse del cuerpo, como ocurre en muchos crímenes cometidos por hombres, lo cual disminuye el riesgo del crimen.
“La víctima, como no sabe que está siendo envenenada, no se puede defender”, destaca Donis.
El interés de Marisol Donis por las envenenadoras nace de su doble formación como farmacéutica y criminóloga. Su conocimiento sobre tóxicos la llevó a descubrir un dato sorprendente mientras estudiaba criminología que la obsesionó durante años:
“Siete de cada diez envenenamientos son cometidos por mujeres”, explica la autora.
Intrigada por esta estadística, decidió investigar si realmente era cierto que el veneno era el arma de las mujeres por excelencia. Para su sorpresa, no existía ningún libro sobre envenenadoras españolas.
“Como no había un libro escrito sobre esto, decidí escribirlo yo”, cuenta Donis.
Conseguir la documentación necesaria fue un proceso largo, que la llevó a examinar numerosas sentencias y sumarios judiciales. Revela que «solo conseguir la documentación llevó dos años», a lo que se suma el año y medio que tardó en recopilar sus descubrimientos en el libro.
Fuente EFE- (efeminista.com)
Foto de la portada del libro ‘Envenenadoras’ de Marisol Donis. Imagen cedida por la Editorial Alrevés