Por Marisa Plano*
Durante mucho tiempo, elegir una carrera fue imaginar el futuro con cierta estabilidad: estudiar, formarse, trabajar y crecer dentro de un camino más o menos previsible.
Hoy, en cambio, muchas personas eligen con una pregunta latente en el corazón “Y si esta profesión desaparece???
La inteligencia artificial llegó para transformar el mundo del trabajo, y eso es innegable. Automatiza procesos, acelera tareas, reorganiza profesiones. Pero también despierta un temor silencioso, que aquello para que nos preparamos deje de ser necesario.
Sin embargo,tal vez la pregunta no debería ser qué carreras van a desaparecer, sino qué capacidades humanas van a seguir siendo irremplazables.
Porque la tecnología puede procesar datos, pero no vive experiencias. Puede generar respuestas , pero no siente el impacto de una mirada. Puede optimizar decisiones, pero no comprende el valor profundo de acompañar, cuidar , crear sentido o construir vínculos.
Elegir una carrera hoy no es elegir solo un contenido técnico, es elegir desde dónde queremos aportar humanidad al mundo que viene.
Las profesiones no desaparecen simplemente, se transforman. Y quienes logran adaptarse no son necesariamente quienes más saben de tecnología, sino quienes desarrollan pensamiento crítico, sensibilidad social, creatividad, ética y capacidad de aprender constantemente.
La inteligencia artificial no debería ser vista como una amenaza que reemplaza a la persona, sino una herramienta que desafía a redefinir nuestro lugar. Nos obliga a preguntarnos no sólo qué vamos a hacer, sino para qué y para quién.
Tal vez entonces, el verdadero criterio para elegir una carrera no sea cuál sobrevivirá más tiempo, sino cuál conecta con aquello que nos hace profundamente humanos, porque eso, precisamente, es lo que el mundo seguirá necesitando siempre.
*Lic. en Ciencias de la Educación
