La columna de Paula Winkler

El siglo de la incertidumbre


Por Paula Winkler

Tanto el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg como el paradigma del caos y del pensamiento borroso de Bart Kosko han introducido durante el siglo pasado innovaciones a la lógica de Newton.

Las conclusiones de la Ciencia moderna, de la Física Cuántica, han ido aplicándose incluso a la fenomenología (social) de la época, en sentido de que cualquier proceso decisorio o de identificación de problemas colectivos (también singulares) implicaría que deben tenerse en cuenta su complejidad e imprevisibilidad. No todo es razón: me refiero al azar tan presente en Jorge Luis Borges, azar que pasó a integrar la conexión subyacente que cada tanto se manifiesta en los sistemas, supuestamente orgánicos, como hechos (aparentemente) aleatorios.

Están siendo abandonados, pues, la lógica binaria y el clásico principio de no contradicción, que fue superado por la ley de lo uno y de lo otro, es decir: algo puede ser y no ser al mismo tiempo. Los matices, los bordes, como el océano, poseen sus movimientos estables pero cada tanto, sus vórtices causan efectos impensados o no fácilmente diagnosticables. Aun fuera de control, tales sucesos humanos o de la naturaleza son absorbidos a las largas por nuestros mecanismos neuronales: se acumulan recuerdos, la memoria se acomoda a lo nuevo y así sucesivamente. En una palabra, la fenomenología pasa a estudiar no solo sistemas complejos sino también lo que se transforma en una suerte de rizoma: se investiga lo que subyace, latente, y ya no es lineal ni sujeto a la previsión de las repeticiones.

Quizá sea este el motivo por el que en las teorías del caos el sentido común guía al pensamiento y las personas nos acomodamos a las circunstancias, aun a las que producen cambios de dirección disruptivos. Hoy hablamos de guerras regionales, ataques terroristas, rápida multiplicación de delitos urbanos, hambrunas generalizadas en el planeta. Sin embargo, todo ello existió desde siempre. Ahora la velocidad de la información a menudo aliena, claro, o puede confundir más de la cuenta.

Durante los ´90 el principio de incertidumbre comenzó a aplicarse en los sistemas jurídicos (sobre todo, a cargo de los especialistas en análisis deóntico y sistémico del Derecho). También, en las ciencias sociales. Y Jacques Lacan (atento a su experiencia en China), consideraba al azar y a la incertidumbre e influyó en lo que luego sería la interpretación de paralaje, cuyo autor es el psicoanalista y filósofo Slavoj Žižek.

Pretender en el siglo XXI, entonces, un determinismo absoluto en los ecosistemas e imponerlo como una concepción única en todos sus órdenes, revela un idealismo francamente ingenuo y un dogmatismo autocrático a toda prueba. Nuestro siglo presencia fragmentaciones territoriales en los acuerdos económicos y de comercio exterior, se está dejando de sostener la universalidad que pretendía la otrora globalización. Se modifican modelos. Sin embargo, aunque la realidad paralela que exhiben algunos medios y estalla en las redes nos haga creer que lograremos una ansiada estabilidad, lo mejor que podemos hacer, a mi juicio como antídoto, es olvidarnos de las modas.

Siempre habrá una ligera esperanza para las próximas generaciones habituadas a su tiempo. Supongo que conservarán alguna dosis de sentido común y ciertos rasgos de humanidad en su raciocinio

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