Por Marisa Plano*
Vivimos un tiempo en el que la información circula a una velocidad nunca antes imaginada. Las pantallas ocupan gran parte de nuestra vida cotidiana y la inteligencia artificial ofrece respuestas casi inmediatas a nuestras preguntas. Frente a esta realidad, la educación tiene un desafío ineludible: formar lectores capaces de comprender, analizar y construir un pensamiento propio.
Leer ya no puede entenderse como una simple decodificación de palabras. La lectura es un proceso profundo que permite interpretar, establecer relaciones, formular preguntas, desarrollar la imaginación y comprender el mundo desde múltiples perspectivas. Por eso, el rol del docente adquiere hoy una relevancia aún mayor a través del modelado de la lectura, haciendo visibles las estrategias que utiliza un lector competente para comprender un texto y acompañando a los estudiantes en ese camino.
Las tecnologías constituyen una herramienta valiosa y ofrecen oportunidades extraordinarias para aprender. Sin embargo, ninguna innovación debería reemplazar el valor del libro como espacio de encuentro con el conocimiento, la creatividad y la reflexión. El libro invita a detenerse, a pensar, a dialogar con las ideas y a desarrollar una lectura profunda, una capacidad indispensable para ejercer una ciudadanía crítica y responsable.
El desafío no consiste en elegir entre libros o pantallas. El verdadero desafío es enseñar a convivir con ambos recursos, aprovechando las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías sin perder aquello que el libro ha aportado durante siglos a la formación humana.
El libro nunca debe morir. En cada una de sus páginas habitan historias, conocimientos, emociones y preguntas que siguen despertando la curiosidad, fortaleciendo la imaginación y cultivando el pensamiento crítico. Formar lectores es, en definitiva formar personas capaces de comprender la realidad, dialogar con otros y construir un futuro más humano.
Porque las pantallas seguirán evolucionando y la inteligencia artificial continuará transformando nuestras vidas. Pero mientras exista un niño, un joven o un adulto que abra un libro con el deseo de aprender, imaginar y descubrir, LA EDUCACIÓN SEGUIRÁ ENCONTRANDO EN LA LECTURA UNO DE SUS PILARES FUNDAMENTALES.
*Lic.en Ciencias de la Educación
