Las etiquetas, especialmente en educación, son limitantes y perjudiciales, sobre todo si llevan carga negativa. Es lamentable afirmar que en nuestro Sistema Educativo se etiqueta al alumnado, sin tener en cuenta que se trata de potenciar lo mejor de cada persona.
Lo importante es estimular al estudiante a desarrollar las competencias de cada uno, sin descalificarlos ni etiquetarlos. Son muchos los alumnos que reciben, a lo largo de su vida, frases o palabras desafortunadas como fracasados, irresponsables, etcétera, logrando que terminen de actuar como tal y sientan el peso de esas etiquetas.
En la actualidad la sensibilidad del profesor cada vez es mayor y afortunadamente, aquellas ofensivas frases de otras épocas han disminuido de las aulas.Está demostrado que los mensajes negativos no sólo no ayudan en el aprendizaje, sino que impiden que se lleven a cabo; es bueno puntualizar que las etiquetas son un potencial destructivo en la autoestima del alumno ya que de esa manera será una persona limitada y no creerá en sí mismo. Apostemos por el buen vínculo, por la empatía y por la recompensa. Mejor un » espero mucho de vos» que un » seguro que no lo haces». Es bueno que nos preocupemos en referirnos a la persona con respeto y haciéndolos sentir comprendidos y aceptados, dándoles la oportunidad de equivocarse las veces que sea necesario, alentándolos a empezar de nuevo, manejando sus emociones con total confianza. Trabajemos su perfil de fortalezas y debilidades, de sus necesidades y preferencias de aprendizaje. Eduquemos SIN ETIQUETAS, ofreciéndoles oportunidades para el éxito sin casillas que lo hagan vulnerables y pequeños.
Por Marisa Plano
Lic. en Ciencias de la Educación

