Por Marisa Plano
La diversidad en el aula se refiere a la presencia de estudiantes con diferentes culturas, etnias, géneros y capacidades físicas y mentales entre otros. Lógicamente que por todo lo mencionado podemos afirmar que son caracteres que enriquecen el proceso educativo al permitir que los estudiantes aprendan unos de otros y desarrollen una comprensión más profunda de las personas.
La diversidad de los estudiantes es consecuencia de su origen social y cultural y de sus características individuales en cuanto a su historia personal y educativa, capacidades, intereses, motivaciones y estilos de aprendizaje. Esta multiplicidad de factores hace que no haya dos estudiantes idénticos como gran ventaja de un aprendizaje enriquecedor.
La interacción con compañeros de diferente orígenes culturales, o características y condiciones individuales, fomenta la empatía, la tolerancia y el aprecio por diferentes perspectivas. Los estudiantes desarrollan una comprensión más profunda del mundo, promoviendo una sociedad más inclusiva y respetuosa más allá del aula.
La diversidad educativa es esencial para construir una sociedad solidaria en igualdad de derechos y oportunidades alejada de prejuicios y todo tipo de discriminación. Educar en la diversidad es una responsabilidad de toda la sociedad, tanto en los entes educativos como de las familias. Solo así conseguiremos una sociedad respetuosa con el otro.
La diversidad en el aula se manifiesta de diversas maneras, incluyendo diferencias en capacidades cognitivas, culturales, antecedentes socioeconómicos, género, identidad sexual y muchos otros aspectos.
La inclusión de la diversidad en el aula, significa hacer efectivo para todos: el derecho a la educación de calidad, la igualdad de oportunidades y la participación. Además; significa eliminar las barreras que enfrentan muchos alumnos para acceder al aprendizaje y la participación en todo el ámbito escolar.
Tengamos presente que la ley N°26.206 sobre la inclusión establece los procedimientos y recursos correspondientes para identificar tempranamente las necesidades educativas derivadas de la discapacidad o de trastornos en el desarrollo, con el objeto de darle la atención interdisciplinaria y educativa para lograr su inclusión desde el nivel inicial.
Además el artículo 11 de la ley de educación sostiene que los fines y objetivos que la política educativa nacional son a) Asegurar una educación de calidad con igualdad de oportunidades y posibilidades, sin desequilibrios regionales ni inequidades sociales.
Frente a lo expuesto podemos sincerarnos y reflexionar dándonos cuenta que aún nos falta mucho para concretar estos objetivos y leyes que amparan a nuestra educación para todos.
Marisa Plano
Lic. en Ciencias de la Educación