Por Karina Vimonte*
Cada 2 de abril, el calendario nos invita a hablar de autismo. Pero más allá de la efeméride, lo que realmente necesitamos como sociedad es detenernos a revisar cómo lo estamos mirando.
Durante años, la palabra “autismo” llegó a muchas familias cargada de miedo, de incertidumbre y, muchas veces, de desinformación. Se la asoció a la pérdida, al límite, a algo que “interrumpe” la vida tal como se la conocía. Sin embargo, esa construcción no habla del autismo en sí, sino de la mirada social que históricamente lo rodeó. El autismo no es una tragedia.
No es una enfermedad que deba “curarse” para volver a una supuesta ¿“normalidad”?
Es una condición, una forma diferente de percibir, sentir y relacionarse con el mundo.
Cuando aparece un diagnóstico, lo que cambia no es la persona.
Ese hijo, esa hija, ese estudiante o ese ciudadano sigue siendo exactamente quien era antes. Con sus gustos, su personalidad, su manera de vincularse y de expresar afecto. Lo que sí cambia , y ahí radica la oportunidad, es la información disponible para comprender mejor sus necesidades y acompañar de manera más respetuosa.
El desafío, entonces, no está en el autismo. Está en la sociedad.
Porque aún hoy persisten miradas que reducen, que etiquetan o que intentan corregir aquello que simplemente es diferente. Y es en ese punto donde se vuelve imprescindible hacer un giro profundo: dejar de preguntar “¿qué le pasa?” para empezar a preguntarnos “¿qué necesita?”.
Ese cambio de enfoque no es menor. Implica pasar de una lógica centrada en el déficit a una mirada basada en los derechos, en la empatía y en la convivencia.
Acompañar el autismo no significa corregir conductas para que encajen en un modelo único. Significa comprender otras formas de comunicación, respetar otros tiempos y generar entornos accesibles que permitan el desarrollo pleno de cada persona.
En este Día Mundial del Autismo, el llamado no es solo a visibilizar, sino a transformar.
Transformar las prácticas educativas, los espacios laborales, los medios de comunicación y, sobre todo, nuestras propias creencias. Porque el verdadero cambio no ocurre cuando “aceptamos” la diferencia, sino cuando aprendemos a convivir con ella en igualdad de condiciones.
Hablar de autismo hoy es, en definitiva, hablar de humanidad. De reconocer que no hay una única manera válida de ser, de sentir o de estar en el mundo. Te invito a dejar de mirar desde el prejuicio… y empieces a mirar desde el reconocimiento.
*Mg.Lic. Karina Vimonte- Pte FUNDACION CODIS

