Por Carolina Winograd*
Cambios de horarios, excesos y desorden en las rutinas impactan en la digestión, la energía y el descanso. Claves simples para acompañar al cuerpo y volver al equilibrio sin medidas extremas.
Durante las vacaciones casi todo cambia: comemos a deshora, dormimos distinto, nos movemos más —o menos— y dejamos de lado rutinas que durante el año sostienen cierto orden interno. Aunque muchas veces lo vivamos como algo normal y transitorio, el cuerpo lo registra. Y suele hacerlo de una manera bastante clara: hinchazón, digestión lenta, cansancio, mal dormir, irritabilidad o una sensación general de pesadez.
Desde la Medicina Tradicional China, estos síntomas se interpretan como señales de un organismo que está intentando adaptarse a un ritmo que cambió de golpe.
En esta tradición milenaria, el bienestar depende de que la energía interna pueda circular con fluidez. Cuando comemos más de lo que el cuerpo puede transformar —o lo hacemos en horarios irregulares— el primer sistema que se resiente es el Bazo, encargado de extraer la energía útil de los alimentos.
Cuando el Bazo se satura, pierde eficiencia, y eso se traduce en algo muy concreto: pesadez corporal, lentitud mental y una caída general de la vitalidad. No es simplemente “modorra”: es el cuerpo intentando sostener un trabajo que lo excede.
El Estómago también se ve afectado. En lugar de avanzar con su ritmo habitual, la digestión se vuelve lenta y pesada. Por eso aparecen la hinchazón, la acidez o la sensación de plenitud que puede durar horas. La Medicina Tradicional China describe este fenómeno como estancamiento: el centro del cuerpo queda tan sobrecargado que pierde capacidad para seguir procesando.
Inflamación y emociones: un vínculo directo
A esta dificultad digestiva suele sumarse un aspecto emocional. El Hígado —que en Medicina Tradicional China regula el flujo de la energía y también de las emociones— se tensiona cuando el sistema digestivo queda bloqueado. Y entonces aparecen señales que reconocemos con facilidad: irritabilidad, ansiedad, dificultad para concentrarnos y, paradójicamente, más ganas de seguir comiendo aún cuando ya estamos llenos.
No se trata de un problema de control ni de fuerza de voluntad. Es un desajuste energético que involucra cuerpo y emoción al mismo tiempo.
El rol del diafragma y la respiración
Hay otro elemento clave que muchas veces pasa desapercibido: el diafragma. Cuando comemos en exceso o a destiempo, el diafragma pierde movilidad, la respiración se vuelve más corta y superficial, y el cuerpo entra en un estado de alerta. Esto eleva el cortisol y favorece procesos inflamatorios.
Ese bloqueo también impacta en el sistema linfático, encargado de drenar toxinas, modular la inflamación y sostener al sistema inmune. Por eso, después de comidas abundantes o varios días de desorden, muchas personas se sienten hinchadas, con menos foco, más cansadas, y con las defensas en baja.
El descanso como parte del reseteo
Resetear al cuerpo no tiene que ver sólo con lo que comemos, sino también con cuánto y cómo descansamos. Durante el sueño profundo, el organismo reorganiza funciones, repara tejidos y regula procesos inflamatorios. Cuando los horarios se corren y el descanso se fragmenta, ese trabajo queda incompleto.
Dormir mejor, recuperar pausas reales durante el día y bajar la sobreestimulación nocturna son gestos tan importantes como elegir alimentos más livianos. A veces, el mayor ajuste no está en hacer más, sino en permitirse parar.
Volver al equilibrio sin extremos
La buena noticia es que este estado no es permanente. El cuerpo tiene una enorme capacidad de autorregulación si le damos las condiciones adecuadas para hacerlo. No hace falta recurrir a dietas restrictivas ni a “compensaciones” extremas. Algunos gestos simples pueden marcar una gran diferencia:
● Comer más lento, masticando bien cada bocado.
● Evitar repetir automáticamente y registrar la saciedad antes de sobrepasarla.
● Priorizar alimentos simples y fáciles de digerir.
● Volver de forma gradual a horarios más regulares.
● Respirar profundo antes y después de comer para liberar el diafragma.
● Dormir mejor, aunque sea recuperando pequeñas siestas o momentos de reposo.
Algunas claves para ayudar al cuerpo a reordenarse
(desde la Medicina Tradicional China)
Desde la Medicina Tradicional China, ayudar al cuerpo a resetearse después de las vacaciones no implica compensar ni castigar, sino volver a generar las condiciones necesarias para que el organismo se autorregule. El foco no está en hacer más, sino en acompañar mejor.
● Volver al calor como gesto reparador
Después de días de excesos, el sistema digestivo suele quedar debilitado. Por eso, durante algunos días conviene priorizar comidas tibias o calientes, preparaciones simples y evitar el exceso de crudos, helados y bebidas frías.
● Recuperar cierto orden en los horarios
No se trata de rigidez, sino de previsibilidad. Comer en horarios similares y evitar cenas muy tardías le devuelve al cuerpo una referencia clara. Cuando el tiempo se ordena, la digestión y el descanso también lo hacen.
● Mover sin exigir
La inflamación muchas veces es energía estancada. Caminar, elongar o movilizar la respiración ayuda a que la energía vuelva a circular sin generar más estrés ni fatiga.
● Dormir para regenerar
El descanso permite que el Hígado se descomprima, que el sistema linfático drene y que el cuerpo complete procesos de reparación que durante el día quedan pendientes.
● Escuchar en lugar de controlar
El exceso suele aparecer cuando estamos desconectados del cuerpo. Volver a registrar hambre real, saciedad y cansancio resulta más efectivo que cualquier regla externa.
Un punto clave para acompañar este proceso
Estómago 36 (Zusanli) es uno de los puntos más utilizados en Medicina Tradicional China para fortalecer la digestión, reducir la inflamación y recuperar energía general.
Dónde está:
Cuatro dedos por debajo de la rótula, hacia afuera del borde de la tibia. Al presionar suele sentirse sensible.
Cómo activarlo:
Presionar durante 1 a 2 minutos por lado, con respiraciones profundas. Ideal hacerlo por la tarde o antes de dormir.
Resetear no es castigar al cuerpo por lo que pasó, sino acompañarlo para que vuelva a su eje. Cuando comemos con presencia, descansamos mejor y respetamos los ritmos internos, la inflamación baja, la energía se ordena y el cuerpo hace lo que sabe hacer: regenerarse.
*Especialista en Wellness & Yoga Facial, con foco en el tratamiento de la inflamación a través de los sistemas linfático y vascular, entrenamiento correctivo miofascial, Low Pressure Fitness, y Medicina Tradicional China.
