Por Nathalie Jarast
Los seres humanos somos la especie que nace más dependiente de sus cuidadores. Pensemos en un bebito que apenas sale de la panza de su mamá, necesita de un adulto que lo alimente, lo cambie, lo abrigue y lo cuide de los peligros. A medida que crece, va adquiriendo ciertas habilidades y ya puede (y quiere) empezar a hacer cosas solo.
El “yo solito” es un hito en el desarrollo y esperable a cierta edad. Acompañarlos a ser individuos autónomos es un trabajo de madres, padres, cuidadores e instituciones educativas. Porque esto no solo impacta en su crecimiento, sino también en su autoestima, en su interacción con otros y en su propia valoración.
¿Cuáles son las claves para fomentar la autonomía de los chicos?
«Dejá que tome sus decisiones: Elegimos un hermoso perchero a su altura para que pueda agarrar la ropa solito, pero cuando se pone el pantalón amarillo con la remera verde, saltamos a decir: “¿No preferís la roja?”. Dejarlos que elijan por sus propios medios y respetar esa decisión es aceptar que no siempre va a ser lo que nosotras hubiéramos querido.
*Establecé límites: Permitir a nuestros hijos actuar con autonomía no es dejarlos hacer lo que quieran. Es ayudarlos a que sean capaces de resolver o hacer por sí mismos, dentro de ciertos límites u opciones. Los niños, para un desarrollo saludable, necesitan de nuestra guía, de límites que les enseñen por dónde sí y por dónde no. Necesitan límites positivos que les den seguridad y les permitan comprender el mundo donde viven.
*Prepará el ambiente: Generalmente, nuestras casas están diseñadas para los adultos. Esto hace que dependan de nosotros en tareas muy sencillas y cotidianas como lavarse las manos o los dientes, acostarse o bajarse de la cama. Hacé el ejercicio de colocarte a su altura y observá el entorno desde allí. Vas a detectar los obstáculos para acceder a las mesadas, el inodoro, el lavatorio, la cama, etc.
*Esperá a que te pida ayuda: En muchas ocasiones, los padres se adelantan a las acciones de los niños e impiden que las hagan ellos mismos por falta de tiempo, de confianza o por una sobreprotección, y olvidan que los niños aprenden a ser autónomos e independientes a través de las actividades de su vida cotidiana. Antes de ir a cerrarle la campera o ponerle la zapatilla, esperá. Si necesita ayuda, te va a pedir.
*Dejalo ir a su propio ritmo: Es crucial confiar en ellos. Se trata de inspirar más que de controlar. Debemos mostrarles cómo hacer las cosas por sí mismos y no hacerlas en su lugar. Si algo les resulta difícil de hacer, tal vez realizarlo juntos, uno al lado del otro, sea una gran forma de guiarlos. A diferencia de los adultos, los niños disfrutan tanto del proceso como del resultado.
Fuente Ohlalá (somosohlala.com)
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