Por Marita Galano
Durante mucho tiempo nos enseñaron a vivir desde la culpa.
Culpa por lo que hicimos, por lo que no hicimos, por lo que dijimos, por lo que no supimos decir.
La culpa señala, acusa y nos deja atrapados en el pasado.
La responsabilidad, en cambio, no castiga: habilita.
Cuando me quedo en la culpa:
*Me reprocho
*Me paralizo
*Me cuento una historia donde soy víctima o juez de mí misma
Cuando paso a la responsabilidad:
*Reconozco lo que pasó
*Asumo mi parte
*Recupero poder de acción
La culpa pregunta: “¿Qué hice mal?”
La responsabilidad pregunta: “¿Qué puedo hacer distinto a partir de ahora?”
Entonces, todo cambia.
Ser responsable no es cargar con todo, ni hacerse cargo de lo que no nos corresponde.
Es responder conscientemente a lo que sí está en mis manos: mis decisiones, mis límites, mis elecciones, mis silencios y también mis acciones.
Cambiar culpa por responsabilidad es un entrenamiento emocional.
Implica dejar de mirarte con dureza y empezar a mirarte con amor y honestidad.
Para finalizar recordá:
*La culpa te ata.
*La responsabilidad te libera.
Portada Imagem: Shutterstock- Fuente Instituto Sanapta
